Quien Dice Sombra
Pedro Ángel Palou
México, Joaquín Mortiz, 2005, Narradores Contemporáneos, 216 p.
ISBN 968-27-1009-X
Lo primero que llama la atención en ésta, la
más reciente novela del mexicano Pedro Ángel Palou, es que no
hay, en las más de doscientas páginas, un solo punto y aparte.
Nada, ni uno. A la manera de las novelas experimentales de los
años sesenta, como, por poner un ejemplo, El otoño del patriarca,
de Gabriel García Márquez, el texto fluye siguiendo eso que a
Joyce le gustaba tanto y que se dio en llamar “torrente de conciencia”,
es decir, un discurso que va haciendo meandros y caminos y que
difícilmente anuncia su destino, como no sea el inmenso, profundo
e inmarcesible mar.
El protagonista de Quien dice sombra es Ortega, un antihéroe
total. A sus treinta años, más o menos, vive con su mamá, a quien
todavía no le perdona el abandono de su padre, y su abuelo, catatónico,
que sólo de vez en cuando expresa frases que, de tan absurdas,
terminan teniendo ecos de profecía; es gordo, grasiento y desarrapado;
algún día estudió letras clásicas y se le reconoce algún talento,
pero lo desperdicia en su mediocre empleo de corrector de pruebas
en una imprenta de medio pelo. Total, un personaje de ésos que
pululan por la moderna narrativa mexicana, que no tienen nada
más ominoso que el haber sido elegidos y construidos por su autor.
Y, sin embargo, la forma de narrar hace que el lector entre inmediatamente
en la vida de Ortega, en ese día frenético y a la vez pazguato
en el que despierta con menos miedo que de costumbre, y en el
que toma una serie de decisiones que se separan radicalmente de
sus opciones cotidianas. El ritmo de la narración, y la voz de
quien la cuenta, vuelven casi obligatorio el seguir el viaje,
la caminata que no imaginamos a dónde va a llegar, hasta que,
aliviados, encontramos el punto final. |