Amores perros
Paul Julian Smith
Traducción de Gabriela Ventureira, Barcelona, Gedisa, 2005, La
Película de mi Vida 2, 119 p.
ISBN 84-9784-096-8
La editorial española Gedisa lanzó el año
pasado una colección de ensayos sobre películas en la cual diferentes
escritores y críticos (Alberto Manguel, el autor del Diccionario
de lugares inexistentes —que aunque no incluye a Macondo
es muy bueno—, eligió escribir sobre La novia de Frankenstein,
por ejemplo) comentan la que, por lo menos en teoría, es la película
de su vida. El resultado es un poco de todo: desde confesiones
arrebatadas y autobiográficas, hasta críticas incisivas que invitan
a volver a ver la película (o a decidirse a rentarla de una vez
por todas, según sea el caso) con el único propósito de averiguar
si eso que dice ahí ese señor es cierto.
El caso de Amores perros, del que en fechas recientes
se ha convertido en protoprócer, Alejandro González Iñárritu,
es particularmente interesante. No sólo por lo que mucho que hay
que decir de una película violenta, inteligente, inmisericorde
y sobrecogedora, sino por quién lo dice y desde dónde. Este ensayo
fue publicado originalmente en el Reino Unido por el British Film
Institute y, como es fácil suponer, se trata de la interpretación
de un súbdito isabelinosegundo no sólo de la película, sino de
la sociedad y el momento histórico y social que se ve retratado
en ésta. A través de un estudio bien hecho y bien investigado,
nos deja saber qué estaba pasando en la vida mexicana al momento
de la hechura del filme (Gloria Trevi incluida), qué otras películas
se estaban haciendo, y, por supuesto, le hace el favor al lector
británico de explicarle un poco el esquizofrénico mosaico que
es la ciudad de México, donde todo puede pasar, hasta perros que
se pierden debajo de las duelas y choques que se repiten una y
otra vez. Además, a manera de bono, incluye cantidad de fotografías
de Gael García Bernal. |