Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático
de Joyce seguido de Diario de bar
Roberto Bolaño y A.G. Porta
Barcelona, Acantilado, 2006, Narrativa 99, 182 p.
ISBN 84-96489-39-6
¿Quién no tiene, junto con un amigo propicio,
un texto, una partitura, una película o alguna otra obra genial
que los catapultará sin remedio a la fama? Sobre todo después
de cantidades navegables de cerveza, a cualquiera que mantenga
una sana relación de complicidad con su compañero de cantina se
le ocurre una forma de sacarle provecho a tanta amistad y a tanto
ingenio desperdiciado. En el caso de este libro, los autores lograron
trasponer las puertas abatibles y sentarse a escribir, uno desde
la América profunda, otro desde Europa. Según explica A. Porta
en su texto “Escribir a cuatro manos” (lugar común que, por lo
demás, sólo podría utilizarse literalmente cuando se escribe directamente
en un teclado; resulta levemente cretino utilizarlo para un trabajo
epistolar como éste), que hace las veces de un prefacio, durante
algunos años Roberto Bolaño y él jugaron al péndulo con la historia
de una pareja, Ángel Ros y Ana, que de pronto deciden convertirse
en criminales y realizar un asalto, mismo que los llevó a otra
serie de actos del tipo provocados fundamentalmente por la inercia.
Aunque Ángel lo que realmente quiere hacer es escribir la historia
de Dédalus, un torturado amante de Joyce, se precipita a la ilegalidad
por la enorme fuerza de Ana, ente amoral en quien se mezclan la
necesidad económica y la indiferencia por partes iguales. Sin
que sea lo más logrado de Roberto Bolaño, sin que tenga la estatura
de, digamos, Los detectives salvajes o 2666,
se trata de un ejercicio interesante y, sobre todo, de una prueba
más de la capacidad de Bolaño (y una primera de la de Porta) para
crear ambientes y situaciones exhaustos y claustrofóbicos. (JID) |