La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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Religión Y Política


Javier Saladórzano: Ah, no, no. ¡La pura información, nomáaaaas! Les habla Javier Saladórzano, en su programa Hoyo por Hoyo, me encanta el rollo. Espero que, a estas alturas de septiembre, ya se les haya bajado el alcohol y ya se hayan olvidado de los reventones, los cuetes, las pachangas y están dispuestos a laborar de manera normal, como buenos mexicanos por lo menos hasta el 12 de octubre, día de la Raza. Yo sigo al pie del cañón, llevando la información de último minuto con mi habitual actitud seria, responsable y confiable. Yo no me ando faroleando por ahí, bailando por un millón ni por un sueño ni nada por el estilo. Yo no necesito el dinero ya que mi satisfacción es simplemente trabajar. Los únicos que no acaban de entender esta ilusión son mi mujer y mis hijos. Ellos sí le dan importancia al dinero. Ellos sí quieren irse de vacaciones y comprar lujos y disfrutar comodidades. No entiendo de dónde me salieron tan metalizados y materialistas pero como dijo Neil Armstrong, ni módulos. Yo soy el que trabaja en esa familia y los demás se friegan. ¿O será al revés? Ellos disfrutan mientras yo me friego.
Y hablando de fregaderas, la semana pasada, la alta jerarquía de la religión católica en México manifestó a través de la Conferencia del Episcopado Mexicano su intención de participar en la política mexicana. ¡Nunca me hagan eso, mendigos padrecitos! ¿Dónde quedaron los hermosos preceptos anticlericales practicados por Don Benito Juárez, Alvaro Obregón y don Plutarco Elías Calles que separaban claramente el Estado de la Iglesia? Para no quedarme con la canija duda, decidí invitar a este espacio a un miembro del clero nacional. Se trata del Rvdo. Tesifonte Obeso, portavoz de la Conferencia Episcopal Mexicana. Bienvenido sea usted a este programa, su obesa eminencia.

Rvdo. Obeso: Hijo mío, no incurras en la chunga fácil y corriente. Efectivamente, estoy ligeramente pasado de peso. Treinta, treinta y cinco kilos de más pero estoy llevando una dieta estricta de pepitorias, palanqueta de cacahuate, dulce de amaranto, nuez confitada, juguito de nopal, licuadito de pepino, alfalfita, mermeladita de nanche, chalupitas de pollito, tostaditas de patita, enchiladitas de mole, taquitos de carnitas y pambacitos de choricito.

Javier Saladórzano: ¿Y todo éso no engorda?

Rvdo. Obeso: En cantidades excesivas, hasta la lechuga te empanzona, pero habrás notado tú que todo lo dije en diminutivo: nopalito, choricito, nanchito, amarantito, etcétera. Todo lo como en muy pequeñas cantidades y así no incurro en los excesos que podrían provocarme un cuerpo de rotoplas o de boiler Helvex. Si comes poquito, todo es bendito. ¿No quieres una mordidita de mi tortita cubana? Es de la Castellana, que son exquisitas. Trae de todo: pierna, jamoncito, quesito, chilito, jitomatito, su lechuguita, guacamolito, mayonesita y todos los demás condimentitos.

Javier Saladórzano: Con razón ya se le empieza a notar una ligera pancita. No es que lo quiera importunar en su ingesta pero me está llenando la mesa de instrumentos con grasa y sustancias indeterminadas pero bastante viscosas.

Rvdo. Obeso: Ah, debe ser el aceite de oliva, que me encanta en cantidades industriales. Es delicioso pero escurre mucho. Mira, huele qué rico.

Javier Saladórzano: Ya, ya. No me lo acerque tanto que me repugna el olor del aceite de oliva. Mejor vayamos directamente a la entrevista. Dígame si es cierto que los sacerdotes en México piensan participar en política.

Rvdo. Obeso: Hijo mío, los sacerdotes mexicanos siempre hemos pensado en intervenir en la política. Lo que pasa es que ahora lo podremos hacer abiertamente y no a escondidas ni utilizando artificios, artilugios y pseudónimos.

Javier Saladórzano: Pero ¿acaso no está prohibida en nuestra Constitución la intervención del clero en los asuntos del Estado?

Rvdo. Obeso: Mira, la verdad es que yo no he leído la Constitución. Yo lo que leo es la Sagrada Biblia y allí no dice nada, por lo tanto, no existe ningún impedimento para que el sacerdocio nacional pueda opinar, intervenir y hasta participar activamente en los quehaceres políticos de este bendito país. Hosanna y aleluya, y hazle como quieras.

Javier Saladórzano: Pues yo no estoy de acuerdo pero finalmente, no es decisión mía. Yo solo reporto los hechos.

Rvdo. Obeso: Afortunadamente , hijo porque es por personas como tú, que tenemos que permanecer ocultos en un rincón, hablar a la sorda en un clóset sin poder manifestar nuestra absoluta oposición a ciertas medidas gubernamentales como el asuntito demoníaco de la dichosa pastillita del día siguiente.

Javier Saladórzano: Nunca me hable de eso. Mejor ni toquemos ese tema porque no hay para cuando acabar.

Rvdo. Obeso: Pero ¿cómo no lo voy a tocar si el mismísimo secretario de Gobernación, el venerable Carlitos Abascal está de acuerdo con nosotros en que se trata de una medida satánica, abortiva, criminal, discriminatoria, racista, segregacionista, radical, dietética, humectante, astringente y a todas luces fosforescente?

Javier Saladórzano: ¿Fosoforescente?

Rvdo. Obeso: En efecto….¡y ya no me hagas hablar más porque me pongo muy excitado y se me inflaman las amígdalas!

Javier Saladórzano: Reverendo, con todo respeto….déjeme oler su torta cubana porque se me hace que por allí se le coló un poquito de yerba santa o algún honguito vacilador. Está usted diciendo puras insensateces.

Rvdo. Obeso: ¡Pamplinas! Solo digo la verdad evidente. Esa pastilla es una herramienta del demonio y Abascal bien haría en oponerse, prohibirla y mandar a Julio Frenk a la hoguera. La próxima vez que quieran autorizar semejantes medidas heréticas, será mejor que primero nos consulten a nosotros, los clérigos antes de andar alborotando a la población y provocando que las juventudes se pongan como locas, dándole alfalfita a los conejos como si no hubiera un mañana y sin el menor recato. ¡Cerdos, inmorales, blasfemos!

Javier Saladórzano: ¿Y entonces ustedes qué pretenden? ¿Qué conserven la virginidad hasta que se casen?

Rvdo. Obeso: No sería mala idea. Que nadie le haga al chaca-chaca si no es hasta después de casarse. Que todos lleguen vírgenes al sacramento del matrimonio para que vean lo que se siente ver pasar el desfile sin poder tocar ningún instrumento como yo.

Javier Saladórzano: ¡Ajajá! Ya apareció el peine. Con razón le atora con tanto ahínco a las tortas de pata. Es un sustituto del acto sexual. Es una forma de calmar la libido, de apaciguar a la viborita, de controlar a la bestia, de amansar a la anaconda…

Rvdo. Obeso: ¿Quieres ya dejar de decir estupideces? Ya me habían dicho que sólo fuera al programa de Lolita Ayala. No sé a qué demonios vine contigo. Eres un hereje y un ateo. Haces preguntas no para conocer la respuesta sino nomás por molestar.

Javier Saladórzano: Pero son buenas las preguntas, ¿o no?

Rvdo. Obeso: No me importa. No voy a conestarte nada. Cruz, cruz, que se vaya Saladórzano y que venga Jesús.

Javier Saladórzano: ¿Jesús Reyes Heroles o Jesús Ortega?

Rvdo. Obeso: Mira cómo me río de tus chistes: “jo,jo,jo” ¡Te vas a condenar y no te va a traer nada Santa Clós! Paso a retirarme porque en esta habitación no cabemos los tres: tú, Satanás y yo. Dominus Vobiscum.

Javier Saladórzano: Huy, pues qué geniecito se bota el padrecito. Además yo soy cliente de los Santos Reyes. Y mejor que se haya ido porque no me gusta la gente obesa. Amigos, cuidado con los padrecitos. Mejor de lejecitos. Esto fue Hoyo por Hoyo conmigo, Javier Saladórzano…nomáaaaas.



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