Asunto Fujimori
Joaquín López Chóriga: Buenas
tardes, les habla Joaquín López Chóriga. Esto es el Noticiero
con López Chóriga. Le damos a usted la bienvenida al único noticiero
que dice la verdad con el indiscutible líder de la información
en México: yo, Joaquín López Chóriga.
Y vamos de inmediato a las noticias, antes de que me las gane
Javier Enlatorre. ¿Todavía sigue ese noticiero o ya lo cambiaron
por “Amor en Custodia”?
El pasado sábado en la noche, en una aeronave privada, el ex presidente
de Perú, Alberto Fujimori permaneció 50 minutos en la ciudad de
Tijuana sin que ninguna autoridad mexicana pudiera detenerlo,
a pesar de contar con una alerta roja girada por la INTERPOL.
Para saber exactamente qué fue lo que ocurrió y quienes son los
responsables de esta falla, hoy tengo en la línea al encargado
del Instituto Nacional de Migración en Tijuana, señor Carpóforo
Zacualpilla. Don Carpóforo, ¿es cierto que Alberto Fujimori pisó
suelo mexicano y ustedes ni se enteraron?
Carpóforo: Mire, señor López Chóriga. Esas son
dos imprecisiones que quisiera yo dejar aclaradas. Una: el señor
Fujimori NUNCA pisó tierra mexicana porque NUNCA se bajó del avión,
por lo tanto, físicamente, el chino, como le dicen aunque es japonés,
nunca pisó el aeropuerto de Tijuana. Su avión sí pero él no. Vamos,
creo que ni siquiera se asomó a la ventanilla. Se me hace que
se quedó bien dormido en su asiento porque nunca se movió de allí.
Y mire que yo estuve vigilando las ventanillas desde la cafetería
cuando me dijeron que chance, allí en ese avión podría venir una
persona que estaba siendo buscada al parecer por la Interpol y
que podría ser Fujimori. Entonces yo me puse muy alerta, el ojo
muy viruso para detectar si el sujeto se bajaba de la nave y tocaba
tierra mexicana. Incluso le dije a un achichincle mío que se pusiera
muy trucha y en cuanto bajara de la escalinata el japo, que se
lanzara como de rayo por los de la aduana para que lo detuvieran
un rato mientras yo me comunicaba con la PGR para que me dijeran
qué procedía en este caso.
Joaquín López Chóriga: Déjeme ver si estoy entendiendo:
¿ustedes desconocen el procedimiento para detener prófugos de
la justicia en nuestro país?
Carpóforo: ¡Espérese tantito! Déjeme terminar
de contarle: en lo que le hablamos a la PGR, los del avión bajaron
a hacer sus trámites menos Fujimori. La tripulación pasó por aduana
y migración y traían todos sus papeles en regla. Ni modo de detenerlos
a ellos. Luego yo, viendo que corrían los minutos, que se me ocurre
llamar por teléfono a INTERPOL México para recibir instrucciones…
Joaquín López Chóriga: ¿Y qué le contestaron
los de la INTERPOL?
Carpóforo: Pues ¿qué cree? Como era sábado en
la noche, me contestó una grabación. Me dijo que la oficina estaba
cerrada y que reanudarían sus labores hasta el lunes. Que llamara
yo temprano.
Joaquín López Chóriga: ¿Y entonces qué hizo usted?
Carpóforo: Pues ya no llamé el lunes. ¿Ya para
qué? Ya se había ido el avión.
Joaquín López Chóriga: No, pero ¿acaso no pudo
hacer nada para detenerlos?
Carpóforo: ¡¡En eso estoy!! Déjeme terminar de
platicarle. Cuando los de la INTERPOL me contestaron, que ni me
contestaron porque fue una grabación, pero bueno, se les agradece
la atención porque igual podrían no tener grabadora y entonces
sí, ¿cómo le hace uno? ¿Verdad, joven? Pues entonces yo me dije,
¿cómo le hago? Y tomé una decisión….bueno, primero me tomé un
Squirt para bajar el sándwich que me estaba yo comiendo en la
cafetería, y luego ya más relajadito, tomé una decisión. Decidí
detener yo mismo por mi mutuo acuerdo y de mi propia inspiración,
detener el avión antes de que despegara. Y entonces le dije a
mi achichincle que me trajera unos costales de arena, de los que
estábamos mandando a los damnificados de Nueva Orleáns.
Joaquín López Chóriga: ¿Pero no había mandado
ya a su achichincle a la aduana?
Carpóforo: Qué buena memoria tiene usted. Yo
no me acordaba. Pero por eso tuve que esperar un rato a que regresara
de la aduana. Y cuando regresó, lo mandé de volada por los costales.
La idea era ponerlos sobre la pista para bloquear el despegue
de la aeronave. Pero ¿qué cree? Lo que es la vida, llena de imponderables.
El hombre propone y Dios dispone. Pues resulta que al rato regresó
mi achichincle con la novedad de que ya no teníamos los costales
de arena. Parece que los mandamos todititos a Nueva Orleáns y
los que sobraron, se los llevó uno de mis cuñados para una construcción
que está haciendo aquí por Tecate. O sea, ya no pude poner los
costales…y lo malo es que el tiempo seguía corriendo y ninguna
autoridad me daba razón.
Joaquín López Chóriga: ¿Y no podía ir usted personalmente
al avión y pedirle al señor Fujimori que se entregara?
Carpóforo: No, porque él estaba de incógnito.
O sea, que él no quería que yo supiera que allí estaba él. ¿Me
explico? Además no puede uno subirse así como así a los aviones
que llegan del extranjero.
Joaquín López Chóriga: ¿Y por qué no? Es territorio
mexicano y usted es un funcionario del Instituto Nacional de Migración….¿o
no?
Carpóforo: Sí, ¿verdad? Tiene usted razón. ¡Qué
pifia la mía! Ya sabía que algo se me estaba pelando pero no sabía
qué era. Bueno, el que se me estaba pelando era el sr. Fujimori…y
bueno, le voy a ser sincero: se me peló. Pero afortunadamente
luego leí en los periódicos del día siguiente que ya lo habían
arrestado en Chile, gracias a que la INTERPOL los había puesto
en alerta desde acá cuando yo hablé con ellos por teléfono.
Joaquín López Chóriga: ¿No que le había contestado
una grabadora?
Carpóforo: Sí pero les dejé el mensaje. Seguramente
lo oyeron tempranito el lunes y entonces llamaron a Chile para
ponerlos sobre aviso.
Joaquín López Chóriga: Ya para entonces, la INTERPOL
en Chile lo había arrestado, señor.
Carpóforo: Sí, fue lo malo. Que el recado lo
oyeron ya muy tarde….pero por mí no quedó. El recado lo dejé con
suficiente anticipación. Yo no tengo la culpa de que esos bolsones
de INTERPOL México no trabajen sábados ni domingos.
Joaquín López Chóriga: ¿Entonces no asume usted
ninguna responsabilidad por la fuga del señor Fujimori del territorio
mexicano?
Carpóforo: No. Lo único que reconozco es que
les fallé con los costales de arena. Esa parte si es toda culpa
mía. Pero ya le dije a mi cuñado que me regrese los costales porque
están haciendo falta por acá.
Joaquín López Chóriga: ¿Y ya para qué le sirven
los costales si ya pasó todo?
Carpóforo: No vaya a ser la de malas que vuelva
a pasar por aquí algún otro fugitivo de la justicia internacional.
Claro que solo si es sábado o domingo que es cuando los de la
INTERPOL no trabajan. Entre semana no hay bronca porque entonces
los puede uno localizar rápidamente…bueno, relativamente porque
a veces no contestan el teléfono y hay que marcar varias veces.
A mí ya me ha pasado. El otro día, pasó Hugo Sánchez en una avioneta
privada y que les doy el pitazo a los de la INTERPOL…
Joaquín López Chóriga: El señor Hugo Sánchez
no es un criminal…
Carpóforo: Ah, cómo de que no. ¿No vio cómo dejó
a los Pumas? Pa’ puras vergüenzas.
Joaquín López Chóriga: Bueno, creo que nos quedó
muy clara la razón por la cual el señor Fujimori pasó tan campante
por tierras mexicanas. Aquí nadie sabe qué hacer en esos casos.
Así de fácil. Se despide de ustedes Joaquín López Chóriga. Hasta
mañana.
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