La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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Mamacita Querida, Mamacita Adorada


Guiseppe Teamarra: Y bueno, bienvenidas sean todas ustedes, mis adoradas cabecitas blancas. Les habla su psicoterapeuta hertziano, el doctor honoris causa, Guiseppe Teamarra, el oasis psicológico de las almas atormentadas. Mi programa de hoy, está dedicado a las madres quienes, como ustedes saben, festejaron su día el 10 de mayo, como ya es costumbre en nuestro país. Millones de mujeres, de todas las edades y abarcando varias generaciones, fueron el motivo de cientos de miles de festejos a lo largo y ancho de la república. He de reconocer que, aunque respeto profundamente la maternidad per se, muchas de estas mujeres, no se merecían la distinción. Efectivamente, el simple hecho de ser madre no implica ni la santidad, ni la abnegación, ni el respeto ni la admiración. Esas cualidades se ganan a pulso y, hay que ser sinceros, existen muchas madres que son unas fodongas, unas arpías, unas desobligadas y no son dignas ni siquiera del más rascuache festival infantil, montado por las educadoras de algún jardín de niños marca patito de los que abundan en toda gran ciudad. En fin, hoy no voy a hacer la distinción entre estas madres ni me voy a burlar de ellas. Quiero mejor que sea una madre la que tome la palabra en este espacio y hable de su propia experiencia en este oficio de ser progenitora y dadora de la vida. Tengo en la línea a doña Aguadalupe Narvartete, mamá de una criatura que, según me dicen, se ha hecho famosa últimamente por ser alumna de La Academia, este programa espantoso que se dedica e explotar los niveles más bajos de la abyección humana y a exhibir las supuestas dotes artísticas de un montón de mocosos desentonados, soberbios y cachalandrosos cuyo único afán en la vida es hacerse famosos a como dé lugar.

Aguadalupe Narvartete: ¡Óigame, no! ¡No le voy a permitir que se exprese de esa manera tan grosera y despectiva de mi Jolettita! ¡De los demás naquitos que comparten con ella la Academia, puede usted decir lo que quiera pero de mi hermosa y talentosísima Jolette, le exijo la mayor reverencia posible! Mi Jolette es una artista, una Diva. Su destino son las alturas del firmamento artístico. Nació para triunfar y ¿sabe por qué? Porque es mi hija y yo la crié, la eduqué y la formé para lograr grandes, enormes cosas en la vida.

Guiseppe Teamarra:¿Usted la formó?¡¿En dónde la formó? En la cola de las tortillas, en la fila del cine, en la fila de la escuela o la formó de plastilina?

Aguadalupe Narvartete: Ajá, ajá….quiere hacerse el chistocito a costillas de mi Jolettiux, pero YO no se lo voy a permitir. Como dice doña Marta, yo soy una mujer con agallas.

Guiseppe Teamarra:Será pescado entonces. Mi gentil Guadalupe…

Aguadalupe Narvartete: No me cambie el nombre. No soy Guadalupe. Mi nombre es Aguadalupe…Aguadalupe Narvartete.

Guiseppe Teamarra:No, no es cierto. ¿Cómo va a ser posible que se llame así? ¿Se da usted cuenta de la mina de oro para los humoristas y las mentes albureras lo que representa un nombre así?

Aguadalupe Narvartete: ¡Basta! Por eso no le puse mi nombre a mi retoñito. Ella se llama Jolette que es el nombre artístico que me hubiera gustado tener a mí.

Guiseppe Teamarra:¿Usted también quería ser cantante?

Aguadalupe Narvartete: Soy cantante pero desgraciadamente, nadie me supo valorar en mi momento y pues, sinceramente, ya se me pasó el tren.

Guiseppe Teamarra:No sólo eso sino que ya quitaron las vías, ya tiraron la estación, liquidaron a los maquinistas, vendieron los vagones y desapareció la empresa.

Aguadalupe Narvartete: Sígale de payasito. Para payasitos, Cepillín. Pero bueno, no vine a hacerla de su patiño. Sólo quiero aprovechar su programita, para aclararles a todos los detractores y adversarios de mi hijita que ella y yo haremos hasta lo imposible y pisaremos a quien sea, para llegar hasta la más alta cumbre del éxito, al Olimpo del Medio Artístico…

Guiseppe Teamarra:Ah, o sea que quiere una oportunidad en el Master Show.

Aguadalupe Narvartete: ¡No sea baboso! ¡¿Cuál Master Show?!…Ni conozco ese programucho…pero lo voy a apuntar, no vaya a ser que luego se nos ofrezca.

Guiseppe Teamarra:¡Ah, ya sé! Jolette ha de querer salir en bikini bailando en los eventos del Dr. Simi, anunciando el Simicondón, ¿no es cierto?

Aguadalupe Narvartete: Es usted una megabestia, igual que la méndiga de la Lola Cortés y el babas de Pérez Gavito. No saben apreciar las dotes innatas de mi hija. Si yo digo que es estrella, es estrella y se acabó. Yo la hice, yo la guié y gracias a mí ha llegado a donde está hoy…*¡Ajá! Hemos tocado el punto, el meollo de la cuestión: es precisamente por madres como usted, posesivas, castrantes, dominantes, controladoras, frustradas y ambiciosas, que niñas como la Jolette de marras, sufren vejaciones, se exponen a ser humilladas y son el blanco de críticas inmisericordes sin deberlas ni temerlas. Pobrecita Jolette. Seguramente su mayor ambición en la vida era la de ser cajera de WalMart o mesera de Sanborn’s…pero ¡ah, no!, tenía usted que meter su cuchara, empujarla a realizar sus ambiciones frustradas y provocarle serios traumas que la van a marcar de aquí en adelante. Por todo ello, déjeme decirle un enérgico ¡BASTA YA! Libere a Jolette. Evítele tanto sufrimiento y tanto ridículo. ¿Que la pobre chamaca canta peor que una foca? Entonces no la exhiba, por el amor de Dios. Déjela cantar en la regadera y no la exponga al escrutinio de la chancla que sólo aplaude a los que salen en la televisión, sean como sean.*Ya me colgó esta santa señora. No soportó mis ácidos comentarios. Hay madres que no pueden abrir los ojos a la realidad y viven sumergidas en un mundo de ilusión, mentiras y simulaciones. No estoy hablando de Marta, que conste. Yo no puedo meterme en política porque me hacen lo mismo que a la Wornat y luego me arraigan así que demos por terminado este penoso asunto de las madres dominantes y cerremos el programa con una frase del poeta que es totalmente palacio: “No sólo quiero que me vean, sino que también me envidien”. ¡Qué cosa tan inspiradora! Se despide de ustedes Guiseppe Teamarra

 



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