La Plaza del Angel
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El Campeón


El pasado domingo me encontré en una situación por demás desagradable. Estaba yo sentado frente a un televisor, pues había sido invitado por un amigo a presenciar lo que según él, sería la gran final del futbol mexicano. Para empezar, el balompié nacional cada vez me interesa menos. De hecho tengo la esperanza de que algún día los mexicanos, nos demos cuenta que no nacimos para practicar el deporte de las patadas. Claro, habría que preguntarnos seriamente cuál sería nuestra vocación deportiva. En fin, el caso es que estaba yo frente a ese aparato televisor viendo un partido de futbol, entre un equipo que aborrezco y otro que me desagrada... La primera pregunta sería: ¿Por qué cometía yo tamaña babosada? Por compartir un rato con una amistad, punto. Pero mientras pasaba el tiempo y el odiado América se alzaba con la victoria y con el título de campeón, llegaba a mi mente la comparación de ese enfrentamiento con las próximas elecciones del 2006.

¿Cuál es la analogía posible entre un América vs. Tecos y una elección presidencial? Muy fácil, primero: vamos a tener que presenciar dicha elección muy a pesar nuestro. Segundo: hasta este momento; y no vislumbro la posibilidad de que algo varíe; todos los posibles candidatos son impresentables, poco confiables, sin un programa de gobierno estructurado y nos enfrentan a la disyuntiva de escoger entre la tuberculosis, el cáncer y la hepatitis... (por mencionar cualquier enfermedad grave).

Así es, imagínense el primer domingo de julio del año 2006. Están ustedes encerrados en la mampara de una casilla electoral con una boleta frente a ustedes y tienen que decidir a cuál candidato le otorgan su voto... La verdad, tal y como se presentan las cosas, yo me voy a echar a llorar... Y lo peor, es que hay que cumplir con el compromiso ciudadano; para bien o para mal, hay que votar, porque no hacerlo dejaría la elección en manos de otros. El enorme problema es que va a ser probablemente una de las decisiones más difíciles de toda nuestra vida. Lo siento, pero estoy siendo sincero con ustedes, ni el señor López Obrador (un ingenuo bien intencionado, rodeado de ratas); ni el señor Madrazo (una rata rodeada de más ratas); ni el señor Creel (el continuismo de la ineptitud) representan una opción viable. Y por supuesto, no podemos ni pensar en la posibilidad de que los partidos “babys” nos ofrezcan algo mejor. Por lo tanto el panorama es muy desalentador, y más a sabiendas de que pase lo que pase, habrá un ganador, un campeón que supongo hará felices a unos cuantos, pero que al resto, nos dejará una amargo sabor de boca. Con la única diferencia de que, en seis meses aproximadamente, habrá otro equipo campeón del futbol. En cambio, el que se levante con el triunfo el 2006, nos durará 6 años... Dios mío, ayúdanos, porque nos enfilamos hacia el barranco.
 

 

 

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