La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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Lindezas


Ha llegado el tiempo de regresar a las banalidades y al buen humor. Después de asimilar la desesperanza política, es bueno recordar aquellos temas que nos dan tranquilidad y paz, por ejemplo: las relaciones hombre-mujer; mujer-hombre. Seguramente muchos de ustedes se han encontrado alguna vez en sus vidas con la duda de si los seres humanos del sexo masculino hablamos el mismo idioma que los seres humanos del sexo femenino.

Antes de que se me vengan encima los promotores de la equidad, la igualdad de géneros, el feminismo, los derechos humanos, etcétera, les quiero recordar que esto es una colaboración con sentido del humor... Si no lo tienen... gracias por participar; adiós... bye.

Habiendo quedado los amigos, vayamos a los ejemplos. La palabra “lindo” (cuyo significado es: hermoso, bonito). Las mujeres son muy dadas a decirle a un hombre gentil, caballeroso y tierno, que es muy “lindo”. Pero, y es aquí en donde caben las diferencias, los hombres cuando nos definen como “lindo”, inmediatamente nos remitimos a una persona mensa, sin personalidad y tal vez, hasta medio baboso. Por lo tanto, ni las mujeres la usan en su acepción correcta ni los hombres tienen la menor idea de lo que les quisieron decir. Ergo (por lo tanto) no nos podemos entender.

Otro ejemplo, sólo que en esta ocasión a la inversa. Los hombres, dentro de nuestra infinita cobardía y ante el temor del compromiso, después de haber pasado una velada con una dama, al llegar a su casa le decimos “te echo una llamada... ¿sale?”. Ella inmediatamente empieza a tejer ilusiones, sueños, quimeras, verdaderamente cree que el hombre le va a hablar. En cambio el tipejo en cuestión, lo único que quiso decir era... “estuvo bien por una noche, pero no esperes más... ¿sale?”. Tendrán que pasar algunos días para que la sufrida e ilusa (cándida) dama entienda el verdadero significado de la elusiva frase con la que se despidió su ex príncipe azul.

Sin querer alargar más de lo necesario, me pregunto: ¿Cuesta mucho trabajo, no ahorrarnos palabras y ser un poco más explícitos (claros) al expresar nuestras ideas? ¿Ponernos en el lugar de nuestro interlocutor y tratar de expresarnos de modo que nos entienda? ¿Y tener la valentía, la educación y la decencia de decir las cosas tal y como son, sin rodeos, sin mentiras y sin disfraces? Yo quiero suponer que no. Claro hacerlo exigiría, honestidad, algo de humildad, entereza y firmeza... ¡No!... ¡Nunca! Suena muy difícil. Mejor seguimos hablando con metáforas, dobles sentidos, alegorías y uno que otro ejemplo... “Te lo digo Pancho, para que me entiendas Carlos” ¿Si entendieron lo que quise decir, verdad?.
 
 
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