¿Qué Busca La Mujer?
Siempre que voy a tocar estos temas, me veo en la necesidad de
advertirle a mis lectores(as), que hay una cierta dosis de humor
en el discurso y que por ningún motivo lo tomen como dogma de
fe.
Habiendo establecido el tenor de la plática, vayamos al tema.
Cuando yo era joven, de lo cual ya hace mucho tiempo, había ciertos
principios básicos que nuestros padres nos inculcaban con el fin
de lograr la admiración y el respeto de una dama. Obviamente,
estoy hablando de padres medianamente civilizados, porque sin
lugar a dudas, estaban aquellos hombres formados por sus propias
madres como machos a ultranza, sin el menor detalle de recato
o de respeto por la figura femenina. Pero no, mi recuerdo es el
de un hombre que siempre admiró con gentileza y caballerosidad
a la mujer. Regresemos pues a esos consejos que mi padre inculcó
en mi inmaduro cerebro, cuyas primeras experiencias en el sutil
arte de la seducción habían sido desastrosas.
“Antes que nada, debes ser audaz, pero caballeroso, gentil, educado,
culto, de plática amena e inteligente; saber algo de poesía, de
música y sobre todo de cultura general”. Después de tan contundente
aseveración, se veían lejos los momentos en los cuales yo estuviera
en la posibilidad de impresionar a una dama. Acto seguido continuó:
“...es importante, que ella sienta por ti: admiración y respeto.
Que encuentre en tu hombro un apoyo; en tu carácter fuerza, solidaridad
y consuelo. No la atosigues, pero nunca la abandones. Sé su caballero
y que ella sea tu dama; tu fuente de inspiración y tu razón de
vivir. Ofrécele tu mano y tu esfuerzo. Sé responsable, trabajador.
Nunca llegues al ridículo, ni a la fanfarronería. No te arrastres,
ni supliques. Se fuerte y digno ante el rechazo y la coquetería.
Trata de entender sus necesidades y adelántate a sus deseos y
caprichos. Busca su felicidad y no la tuya...”
Y podría seguir tres párrafos más, pero no tendría caso hacerlo.
Todas esas enseñanzas, al parecer, han dejado de ser válidas.
La mujer actual; a quien sigo respetando y admirando; se ha vuelto
independiente, dueña y señora de su cuerpo y su voluntad (¡qué
bueno!); pero ya no necesita de ningún apoyo y mucho menos requiere
que un hombre venga a enseñarle el camino o a abrirle la puerta
y sobre todo ya no hay caballos, por lo tanto, no necesitan ayuda
para bajarse del auto y ellas lo pueden todo: “solas”. El peor
error que puede uno cometer, es querer ayudarlas... Inmediatamente
responden con un “no soy inútil, yo puedo hacerlo y no necesito
ayuda, ni de ti, ni de nadie... ¿entendido?”. Ahora quieren un
hombre divertido, muy divertido, que las entretenga y que después
desaparezca de sus vidas sin dejar ningún rastro de existencia.
Ellas deciden, “qué- quién- cuándo- en dónde y a qué hora”. Nuestros
deseos, son futilezas absurdas e irrelevantes, por lo tanto, ni
las mencionemos. La coquetería y la femineidad son sinónimos (según
el corrector de ortografía debería decir “sinónimas”... ¿¿¿???)
de debilidad y significan rebajarse al nivel de objetos, por lo
tanto, olvidémonos de esas “cerdas aspiraciones machistas”.
Debo pues reconocer, que soy de otra generación, que estoy viejo,
y que me cuesta mucho trabajo entender actualmente: -qué es lo
busca la mujer.
Habiendo dicho esto, me retiro a mi Nirvana, a seguir soñando...
“que soñar no cuesta nada” y tampoco hace daño.
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