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Ya Es Hora


Hace pocos meses, al fallecer Juan Pablo II, líder moral de la iglesia católica, muchas fueron las voces que se levantaron para cuestionar acerca del futuro de la iglesia romana. Si bien, el papa polaco fue una figura relevante y carismática como sucesor de San Pedro, cierto es también, que fue un pontífice conservador y poco progresista. Sus inmensos recorridos a lo largo y ancho del globo terráqueo, ayudaron a recuperar algo de la fe perdida y derrotada por nuevas ideologías. Pero, también hay que ser conscientes de que el papel de la mujer dentro de la iglesia, los derechos de los homosexuales y el celibato de los sacerdotes, fueron tres asuntos que definitivamente no sufrieron la menor modificación, es más, fueron vetadas todas las discusiones al respecto.

Al asumir Benedicto XVI, el trono papal, todos estuvimos de acuerdo en que las cosas seguirían igual, pues en su momento, el cardenal alemán de apellido Ratzinger, fue uno de los responsables de la inamovilidad de estos asuntos dentro de la fe católica.

Ante las circunstancias prevalecientes en el presente de la humanidad, debemos estar conscientes de que las intolerancias y los fanatismos, no son los mejores aliados de la paz mundial. Por el contrario, tanto la fe judía, como la musulmana, han dado muestras de intransigencia y por ende, han llegado a momentos de beligerancia que podrían resultar aterradores para la humanidad entera.

Por otro lado, en México, hace pocos días, nos enteramos de un nuevo caso de “extravío moral” de parte de un sacerdote, Salvador Francisco Domínguez, que sucumbió a los encantos de una mujer y la hizo suya, al grado de tener una hija con ella y vivir una doble vida para después abandonarla, bajo el pretexto de que estaba arrepentido y que no podía seguir viviendo en pecado. La alta jerarquía eclesiástica mexicana, como vulgarmente se dice: se hizo “pato” y prefirió archivar el asunto y considerarlo caso cerrado, pues adujo que era un caso aislado y no representaba la realidad dentro de la curia mexicana. Pero, me pregunto yo, y el futuro de esa mujer, de esa criatura... ¿cuál será? La iglesia lo considerará hijo ilegal (o natural como solían denominarlo antiguamente, como si hubiera hijos sobrenaturales o como si los demás no fueran naturales). El caso es, creo yo, y a riesgo de ser severamente criticado, que la iglesia debería abandonar viejas plataformas morales, incorporarse a la modernidad, analizar sus estructuras monolíticas y darle entrada a asuntos impostergables y conceptos, que si bien son revolucionarios, también son vigentes e innegables. Si la mujer ha tenido que luchar siglos para obtener un respeto y una igualdad de género en la sociedad moderna, no veo por qué en la iglesia no suceda lo mismo. Si bien hay gente a la que, los homosexuales, les producen urticaria y escozor, lo que no se puede hacer es negarles sus derechos como seres humanos y, finalmente, en cuanto la iglesia reconozca la falibilidad (posibilidad de equivocarse) de un hombre que entrega su vida a Dios, pero que también tiene derecho a ser feliz, mejorará la credibilidad y la moralidad de los representantes de Dios, que a la fecha tienen que vivir su vida íntima a oscuras, en un clóset o cometiendo actos inmorales reprochables por un celibato inexplicable.

Seguramente recibiré una andanada de críticas por expresar mi opinión acerca de la iglesia católica, pero asumo mi derecho a disentir y estoy seguro que nuestro Dios Todopoderoso (que finalmente es el mismo para todas las religiones, aunque le demos distintos nombres) sería feliz, si logramos que la humanidad sea más equitativa y más respetuosa de los derechos de cada ser vivo, sin importar sexo, origen o creencia religiosa.

Mi última pregunta sería: hay algún lector por ahí que esté...
 
 
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