La Prevención
Hace un par de días, la humanidad quedó impactada por el accidente
ocurrido en el aeropuerto de Toronto, Canadá; en donde un avión
de la línea aérea Air France, se despistó y se incendió; afortunadamente,
la prevención del piloto y del equipo de cabina evitó una tragedia,
al prevenir la situación y tomar medidas inmediatas
para evacuar a los pasajeros.
Una situación similar ocurrió en nuestro país, cuando al anunciarse
la llegada del huracán Emily, las autoridades tomaron las medidas
necesarias, no para evitar la destrucción, no para interrumpir
su paso por territorio mexicano, sino para salvar vidas. Esta
prevención, fue altamente aplaudida por la ciudadanía
y por lo medios.
Las autoridades del estado de Chiapas, cerraron un pozo de extracción
petrolera perteneciente a PEMEX, por considerar que estaba en
condiciones poco propicias para su desempeño y por mostrar indicios
de peligrosidad. Obviamente, las autoridades de la paraestatal,
dando claras muestras de irresponsabilidad, y sin tomar en cuenta
los reiterados accidentes ocurridos últimamente en sus instalaciones,
adujeron que era una arbitrariedad de parte del gobierno estatal.
No señores, únicamente fue: prevención.
En este nuestro país, la cultura de la prevención, es algo que
desgraciadamente no ha sido inculcada adecuadamente en la población.
Somos muy inconscientes y por eso hay tantos accidentes. Y no
estoy hablando de llegar a la costumbre norteamericana del “Warning”
(peligro) que anteponen a cualquier cosa, hasta en los juguetes
o en las bolsas de plástico (esta bolsa puede ser peligrosa para
los menores de edad, no se deje a su alcance). Tal vez haya un
poco de exageración en su conducta, pero en la nuestra también.
En mis largos días de ocio, me pongo a ver a los padres y madres
mexicanas en su comportamiento con sus hijos, es absolutamente
irresponsable. Los dejan jugar en las calles sin ningún cuidado;
si bien hace 40 años esta era una actividad común y corriente
y con cierto grado de seguridad, ahora, hoy, en estos momentos,
no lo es, entre los peligros inherentes al abigarrado
(heterogéneo, reunido sin concierto) tránsito vehicular y los
constantes secuestros y robos de menores, ya no es segura la calle.
Por lo tanto, no debemos dejar salir solos a los niños, mucho
menos mandarlos a la tiendita con dinero; y estoy hablando de
gente que envía a criaturas de 5 o 6 años a estas labores. Tampoco
prevenimos accidentes en casa ocasionados por agua o aceite calientes,
mucho menos por posibles daños ocasionados por la corriente eléctrica
o por líquidos peligros o venenosos. Las criaturas corren con
cuchillos, con tijeras, agarran todo y nadie les dice nada (parafraseando
a Jaime Maussán).
Lo peor del asunto, es que “ahogado el niño”, le reclamamos a
la divinidad, a nuestra maldita suerte, al inconsciente mocoso
y a la inseguridad prevaleciente; pero nunca asumimos nuestra
responsabilidad, nuestra culpa. Nosotros somos los encargados
de la seguridad de nuestros hijos, por lo tanto, nosotros debemos
ser precavidos, inculcar en ellos la cultura de la prevención
y evitar los accidentes.
¿De acuerdo?
P.D.: Mientras escribía esto, mi hija estaba colgada de la liana
y yo no podía vigilarla, porque estaba trabajando... (siempre
tenemos un pretexto válido para no vigilar a nuestros hijos ¿verdad?).
|