Maternidad Masoquista
Este mensaje es para ustedes queridas amigas
lectoras, si es que las tengo. Dado que ya se acerca el 10 de
mayo, una de las fechas más desconcertantes para mí,
hoy voy a hacer algunas reflexiones respecto a la maternidad.
Obviamente, acerca de esa maternidad voluntaria, anhelada, deseada,
ilusionada, esperanzada, espontánea, libre e intencional
que, durante algunos años de la vida de las mujeres se
convierte en necesidad. Jamás acerca de esa maternidad
provocada por la violencia y la irresponsabilidad de algunas bestias
que se hacen llamar hombres.
De acuerdo, habiendo establecido las bases, vayamos al punto.
Es inherente (íntimamente unido a su naturaleza) a la mujer,
su voluntad de ser madre. Pero... se han puesto a pensar en las
consecuencias de esta fruición (placer, gozo). Ahí
les van algunas experiencias... (yo no he sido madre, pero soy
padre de tres y he vivido en carne propia y en compañía
de mi esposa, la mayoría de sus angustias) Primero, después
de algunos minutos de placer (el mexicano no se caracteriza por
ser buen amante, vamos ni siquiera medianito) un espermatozoide
aventurero y afortunado, logra llegar hasta le meta y fecunda
un óvulo... y comienza el calvario.
Independientemente de ese placer repentino, esa emoción
íntima y conmovedora de sentirse embarazada, llegan los
mareos, los antojos, la incomodidad y conforme va avanzando el
embarazo, llega la deformidad, el sobrepeso, la impostergable
necesidad de vivir bajo vigilancia médica; la ingesta de
alimentos sanos con base en una dieta balanceada... ¡Adiós
a las garnachas y a las golosinas! Y sobre todos los gastos...
gastos que nunca desaparecerán y que cada vez serán
mayores y más frecuentes. Después de 7 a 9 meses
según sea el caso... ¡¡¡Aleluya!!! Nace
la criatura.
La maravillosa experiencia de tener al chamaco (o chamaca) en
los brazos, es el principio, el comienzo, de una eternidad de
preocupaciones, trabajos, esfuerzos, ingratitudes y sacrificios.
El padre pasa a ser exclusivamente proveedor. La mujer, inmediatamente
que nace el bodoque, abandona su calidad de esposa para convertirse
única y exclusivamente en madre. Se afodonga y durante
el primer año no duerme; siempre tiene ojeras, huele a
leche, no recupera su figura, se la pasa cambiando pañales
y oliendo a aromas muy extraños. Por ahí del segundo
año de vida, la madre se convierte en una especie de guardaespaldas
de la criatura: que no se meta las cosas a la boca; que no se
caiga; que no suba las escaleras; que no se queme; que coma bien;
que duerma tranquilo... ¿y ella? Cansada y fastidiada,
lavando ropa día y noche... pero con la satisfacción
de ser madre.
A partir del cuarto año, la madre se convierte en maestra,
tutora, institutriz y enciclopedia. Le tiene que resolver todo
al hijo, jugar con él, lo mismo da que sea futbol o a la
casita. En cuanto entra a la escuela, hay que llevarlos al plantel,
recogerlos, ayudarlos a hacer la tarea, remendarles los pantalones,
ayudarlos a investigar, curarlos de los accidentes. Llegada la
pubertad, hay que ser una experta en anatomía, desarrollo
sexual, relaciones interpersonales, psicoanalista, confidente,
amiga y sobre todo muy paciente, porque la etapa convierte a las
“criaturitas” en monstruos intolerantes. De la adolescencia,
ni decir, creo que todos sabemos lo que significa.
En la juventud del “muñeco o muñeca”;
la madre ya llega desvencijada, maltrecha, cansada, sin memoria
de los placeres carnales y en muchos casos habiendo tenido que
dejar a un lado sus propias ilusiones y necesidades. La angustia
se incrementa, el espécimen llamado vástago (hijo
o hija), empieza a salir con los cuates y la madre a no dormir
por la preocupación. Las noches de develo y angustia regresan;
el envejecimiento es violento y constante.
Cuando el producto de nuestro amor se casa, las cosas no mejoran.
Hay que ayudarlos, financiarlos, aconsejarlos y soportar en silencio,
tratando de no ser metiches al ver sus fracasos y sus errores.
Obviamente, en medio de esta vorágine (remolino impetuoso)
de emociones y angustias, también hay algunas satisfacciones.
Pero...
¡Aguas! Que no digan que no se les advirtió: También
existe la posibilidad de realizarse como mujeres trabajando, siendo
exitosas y amadas sin necesidad de embarazarse. Por lo
tanto, no le echen tanta crema a sus tacos el 10 de mayo: “El
Día de las Madrecitas abnegadas y sufridas” Porque
si así lo deciden, pueden evitarse ese trámite y
todos felices y contentos. |