La Responsabilidad
Hoy me senté a escribir esta columna porque es mi responsabilidad
hacerlo y a eso me comprometí. Sin embargo, al empezar a escribir,
me empezaron a surgir una serie de cuestionamientos al respecto.
El primero fue ¿Qué demonios es la responsabilidad? Y obviamente
se amontonaron en mi cabeza un caudal de respuestas.
La primera y la más fácil es: “responsabilidad: obligación
de responder por actos que sean ejecutados, ya sea por nosotros
mismos o por terceros”. De acuerdo, aparte de que es una
visión simplista de uno de los compromisos humanos más difíciles
de adquirir, también genera una serie de preguntas subsecuentes.
El ser humano, como especie ¿Ha sido responsable? ¿Es responsable
de la vida y de la muerte? Si asumimos esta responsabilidad, la
raza humana ha sido la causa de casi todo lo bueno y lo malo que
ha sucedido en el mundo... ¿Y en dónde queda Dios? ¿No fue él
quién nos creo, asignándonos la libertad de responder frente a
el bien y el mal? Por lo tanto, supuestamente nos hizo responsables.
Pero y la “madre natura” ¿Cuál es su nivel de responsabilidad?
Muchísimo. Es vital. Sin ella, la vida no hubiera existido, la
evolución no se hubiera dado y los seres humanos no habríamos
entendido que tenemos una corresponsabilidad para darle viabilidad,
continuidad y futuro a este mundo. Mucho rollo, para tratar de
explicar una sola palabrita.
Retomemos el análisis desde otra perspectiva: Dios es responsable
de todo lo que sucede en esta tierra y en el universo. ¿Él es
acaso, el responsable de mi indolencia, de las depresiones de
los adolescentes, del funcionamiento de nuestro aparato digestivo
después de comer tacos de longaniza, o de que la señal del servicio
por cable sea deficiente? Por supuesto que no ¿Verdad? Esos son
los niveles de responsabilidad que como seres racionales queremos
endosar a cualquier entidad divina para no absorberlas nosotros
mismos; y por estas simples deducciones (y reducciones) filosóficas,
hemos exterminado razas, especies, bosques y bellezas que teníamos
al alcance de nuestras manos, pero que nunca supimos valorar ni
cuidar. Hoy, tratando de recuperar un sentido de responsabilidad,
hacemos esfuerzos desesperados por conservar el ambiente limpio,
clonar especies desaparecidas, mantener vivas especies en peligro
de extinción y sin embargo, todavía hay millones de irresponsables
que no conocen el sentido, ni el significado de una palabra tan
simple.
-Mi responsabilidad, termina en donde terminan mis dominios-
Este es el “razonamiento” de los egoístas -lo que a mí
me incumbe, lo cuido; lo que no es mi responsabilidad... que se
pudra- Gracias a esta visión inmadura y un tanto pueril (hay
niños mucho más maduros que sus padres) hemos llegado a un punto
de incertidumbre que nos obliga a madurar, como especie y como
individuos. ¿Somos verdaderamente responsables? Y la pregunta
abarca, situaciones tanto a nivel global, como a nivel social,
familiar e individual. Somos responsables de cuidar esta nuestra
tierra; de hacer de México un lugar mejor; de hacer de nuestra
familia un núcleo de paz y convivencia; y de cuidar nuestro cuerpo
para que llegue a su última etapa, de la manera más decorosa.
Yo, me declaro un irresponsable, aunque a veces adquiero conciencia
de mi inmadurez y trato de responsabilizarme de mis actos y de
mis errores, vivir para mejorar, ayudar para sobrevivir, cuidar
para conservar, amar para ser feliz y morir para abrir espacio
y un lugar a futuras responsabilidades.
P.D.: ¿Y las guerras, la hambruna, las pestes,
Bush, Blair, Al Qaeda, las intolerancias y los fanatismos... son
nuestra responsabilidad? Yo creo que sí, aunque implicaría una
disquisición muy larga. Si alguien lo quiere comentar, estoy disponible.
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