Desde hace algunos años, todos los medios de comunicación,
unos más, otros menos; han encontrado en el hambre, la angustia,
la desesperación y por supuesto en la ambición, una maravillosa
fuente de espectáculo y entretenimiento. Porque finalmente a
esos se reducen todos los llamados “Reality Shows”, una insensible
forma de abusar de las miserias de los concursantes y de los
espectadores.
Y esta actitud, también se hace presente en nuestra vida diaria.
Hemos logrado hacer de un funeral, de un desahucio, de la necesidad
y de la infamia, todo un espectáculo. Siempre que se presenta
una competencia internacional en la que intervienen atletas
mexicanos, si no logran triunfar (situación que salvo honrosas
excepciones, no debería extrañarnos), inmediatamente acuden
a ellos con cámaras y micrófonos para tratar de obtener declaraciones,
excusas y si se puede, unas cuantas lágrimas. Eso vende mucho,
no importa de quién vengan o cuál sea la razón de su penuria
y su dolor.
El sufrimiento pues, se ha convertido en una fuente inspiradora
para el medio del espectáculo, para la industria del entretenimiento
y finalmente para hacer grandes negocios. Y que conste que con
esto no estoy denostando los legítimos esfuerzos que hacen algunas
personas, instituciones y empresas para ayudar a quienes lo
necesitan (de eso hablaré en mi próxima colaboración).
Lo que realmente me tiene profundamente admirado y consternado
es que cuando encendemos un televisor o un aparato de radio,
o cuando buscamos una revista, no lo hacemos con el fin de adquirir
un poco de conocimiento o de cultura, o tal vez, por qué no,
saber de la dicha, la fortuna, la inteligencia o la habilidad
de una persona... ¡No! Lo que realmente nos interesa es todo
lo contrario... La desgracia, la tragedia, la desdicha, la muerte,
la desnudez... ¿Cómo reaccionó el que perdió? ¿Se desagarró
las vestiduras... sufrió? ¿Qué dijeron sus familiares? ¿Entrevistaron
a al madre... y qué dijo? Acto seguido, nos muestran en lugar
en donde viven esos infortunados, el paupérrimo jacalón en donde
transcurren si miserables existencias, que si tienen un poco
de suerte, se verán aliviado por unos cuantos días, mientras
dure la fama y el éxito. Así es mis queridos lectores (que según
me enterado, ya suman más de cinco), la fama, el éxito y la
felicidad no son estados del alma, son pequeños instantes que
si logramos abonarlos a lo largo de nuestra existencia, podremos
estar al final del camino, satisfechos con nuestro esfuerzo.
El acicate que deben significar los problemas, los reveses y
los fracasos, son un compromiso personal e individual de superación;
no un motivo de escarnio ni de afrenta.
Y finalmente, muchos de ustedes dirán... ¿Entonces qué veo en
la televisión? Pues muy fácil, quienes sólo tienen canales de
televisión abierta, estén seguros que tienen la televisión que
ustedes mismos promueven y patrocinan. Busquen opciones, y si
no encuentran nada que ver, entonces existe la música o un buen
libro, y en muchos casos, la radio ofrece excelentes opciones.
Para quienes tienen la oportunidad de disfrutar de televisión
restringida o pagada (Sky, Cable o Satélite)... ¿Alguna vez
han intentado recorrer el inmenso escenario de posibilidades
que se ofrecen? Seguramente que no, pues van a decir que es
muy aburrido. De acuerdo, acaso el humor, el amor, la pasión,
la belleza, el conocimiento, la cultura o la aventura ¿No son
sentimientos más afines al alma? ¿No dormiríamos más tranquilos
si evitáramos un poco el denigrante y enajenante espectáculo
de la miseria humana? Inténtenlo una noche y les garantizo un
sueño y una vida más tranquilas.