Si tú, amigo lector, estas en posibilidad de leer estas líneas,
quiere decir que eres una persona afortunada. No por poder leer
lo que yo escribo, sino porque quiere decir que tienes acceso
a una computadora en tu trabajo y eso significaría con que tienes
un empleo; o bien en tu casa tienes un ordenador (como dijeran
en la madre patria) o tienes para pagar la renta de un equipo.
En cualquiera de estos casos, se asoma la imagen de una persona
con ciertas posibilidades económicas, y efectivamente eso no
lo es todo en la vida... ¡Ah! Pero cómo ayuda. Tal vez, no seas
afortunado en el amor, o no pudiste continuar con tus estudios,
o padeces algún tipo de enfermedad, o peor aún, un ser amado
es quien sufre ese malestar. Pues de cualquier modo, él o ella
te tiene a ti y tú estás vivo y eso es lo mejor de todo.
Dicen que las comparaciones son malas, pero por algo se inventaron,
y en algunos casos nos ayudan a mirar las cosas de una manera
más objetiva. Podríamos compararnos con Carlos Slim y saldríamos
perdiendo, pero también estamos conscientes de que hay gente
en situación de riesgo y de crisis muy superior a la nuestra.
A esas personas, el destino, la vida o quien sea el encargado
de asignar las broncas, les cargó la mano. Les tocó lo peor,
y aún así, luchan, se esfuerzan y hacen lo posible por subsistir
(que es una forma tortuosa de existir). Desgraciadamente algunos
de esos seres, pierden la esperanza y encuentran en la calle,
en el abandono, en las drogas o en el desamor, la única forma
de evadir su miserable existencia. Como forma de equilibrio,
la humanidad destina a unos cuantos seres maravillosos, para
ayudar a estas personas. Tienen el corazón muy grande y una
voluntad para ayudar que a muy pocos distingue; sin embargo,
solos no pueden, porque no se cura sólo con amor, se necesitan
medicinas, se necesitan alimentos, cobijas, un techo, una cama
y muchas cosas más. Los que no estamos dotados de esa calidad
humana sobresaliente, tenemos una obligación ética, moral y
social, con ambos grupos, tanto con los desafortunados, como
con los comprometidos. No basta con la pena, o con la conmiseración
y peor aún con las limosnas, que es la forma más simple de darnos
baños de pureza y generosidad. Se requiere un compromiso vital,
a largo plazo. Los valientes también necesitan de nuestra ayuda,
y si somos capaces de gastar en cuanta tarugada se atraviesa
en nuestras vidas, por qué no asignar una cantidad para ayudar
a quienes dedican su vida a ayudar... Inmediatamente surgirán
los reproches... “No me alcanza”; “Yo cómo sé que el dinero
esta siendo bien utilizado”; “ A lo mejor es un fraude”; “Yo
no conozco a nadie que necesite mi ayuda”; “Es obligación del
gobierno y no de nosotros”... ¡Error! En cualquiera de estos
pretextos hay una forma de cobardía.
Este país no avanza, por esperar que papá gobierno haga todo
(la verdad, es que nos tocó un papá un poco irresponsable),
por lo tanto la única forma de sobrevivir es ayudándonos mutuamente.
Para eso existen las llamadas Instituciones de Asistencia Privada
(IAP). La mayoría de ellas, dan informes periódicos de sus actividades
y de sus gastos, por lo tanto, podemos vigilar su desempeño.
¿Cuál es la mejor? Todas. ¿Quiénes son los que más necesitan?
Todos. Lo que pasa es que cada uno de nosotros tendrá un sentimiento
de empatía y afinidad con cada una de ellas por distintas razones,
y ese será el motor que no comprometa a ayudar. ¿Ejemplos? los
hay muchos: APAC, AMANC, la Casa de la Sal, Ministerios de Amor,
los niños del Padre Chinchachoma (qepd), los damnificados de
los constantes embates de la naturaleza, los CRIT’s creados
por el Teletón, Lazos, un Kilo de Ayuda... y muchísimos más.
Niños, ancianos, desvalidos, gente que deambula por las calles,
con Sida, con cáncer o que lo han perdido todo, son también
nuestro compromiso; son parte de nuestras vidas y no podemos,
no debemos abandonarlos. Por lo tanto, nosotros que somos seres
medianamente afortunados, compartamos esa fortuna, hagamos de
la vida algo trascendente, ya sea con trabajo o con una aportación
periódica y comprometida. Ah, pero sería conveniente recordar,
que el compromiso y la satisfacción que proporcionan la ayuda
a nuestros semejantes, son personales, no hay necesidad de difundir
nuestra dudosa generosidad, eso sería única y exclusivamente,
vanidad.