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¡Independencia Y Soberanía!


El pasado 15 de septiembre todos los mexicanos nos reunimos para celebrar el Grito de Independencia que Don Miguel Hidalgo y Costilla proclamara no un 15 de septiembre, sino un 16 del mismo mes, aproximadamente a las 5 de la mañana. Y aunque hay un desfase en la cronología de la histórica fecha, cada año recordamos elementos que nos son comunes y alentadores como nación: Independencia y Soberanía.

Aunque hay definiciones más completas, por independencia entendemos la libertad, la autonomía que tiene un estado o individuo que no es tributario ni depende de otro. Por soberanía se entendería: el poder político de una nación que no está sometido al control de otro estado. Hasta ahí, todo suena muy bien y pareciera que efectivamente nuestro querido México es independiente y soberano. Sin embargo a veces siento que hay momentos en los que tengo la impresión de que estos dos elementos son más virtuales que reales.

Antes de que me caiga encima la andanada de críticas, trataré de explicar mi muy injustificable incertidumbre. México produce petróleo, es más, es uno de los pocos países en el mundo, que en un momento dado podría ejercer una presión muy importante para que suban o bajen los precios internacionales del crudo. Pero esta relevancia en el ámbito de la extracción se reduce a una dependencia brutal en el ramo de la refinación. No contamos con la infraestructura para generar las gasolinas que requerimos para consumo interno. Vamos llega a tal grado nuestra dependencia, que hasta en el caso de la obtención de derivados del petróleo que nosotros mismos producimos, no somos capaces de generar; tal es el caso del polipropileno, el polietileno, el PET (Polietileno Tereftalato) y muchos otros polímeros sintéticos. El reciente desaguisado en Nueva Orleáns (Huracán Katrina) nos condujo a nuestra triste realidad: la afectación a las refinerías que se encuentran en el estado de Louisiana, en los Estados Unidos, en poco tiempo también repercutirá en nuestros bolsillos. ¿Por qué? Muy fácil, debido a la suspensión de actividades en dichas refinerías y por consiguiente a la reducción en la producción de los derivados utilizados en los empaques de muchos de los alimentos que consumimos y que no somos capaces de producir, por lo que tenemos que importarlos. ¿A eso se le podría llamar independencia? ¿Acaso no estamos finalmente sometidos al progreso o desgracia de otra nación? ¿No afecta esto a nuestra soberanía? Vamos, hemos llegado a tal grado de dependencia, que México es el único país en el mundo que incluye en su gastronomía una variedad superior a los 50 chiles, y no somos capaces de ser autosuficientes en la producción de este fundamental ingrediente de nuestra comida ya que tenemos que importarlos de China.

Ahora bien, el caso de México, no es el más critico. Japón, una de las economías más dinámicas y trascendentes en la actualidad, depende básicamente de la importación del petróleo, pues en su pequeño territorio no se han encontrado mantos productivos; y esa deficiencia no ha mermado su capacidad laboral y productiva y al parecer tampoco afecta sus sentimientos de independencia y soberanía. ¿Adónde quiero llegar? A que en la actualidad, la independencia y la soberanía son elementos retóricos muy halagadores, pero la humanidad entera es interdependiente. Todos dependemos de todos y México tiene una participación fundamental en el gran engranaje productivo mundial, pero también requiere del apoyo de otras naciones, por lo tanto ningún país en el mundo es totalmente independiente y soberano, ni siquiera los Estados Unidos, cuya fragilidad ha quedado demostrada ya en reiteradas ocasiones.

Celebremos pues y recordemos la gesta heroica del 16 de septiembre con los pies en la tierra. Efectivamente, nos independizamos de la Nueva España, pero ingresamos al gran concierto internacional en el cual nuestros instrumentos suenan y dan armonía, pero no sonarían igual si estuvieran solos. ¡Ah! Y por cierto, da mucha pena percatarse que para muchos, esta fecha sólo significa un pretexto para dejar de laborar, para irse a la playa o para organizar una fiesta con música extranjera... que paradójico ¿No?
 
 
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