El Perdón
¿Es el perdón un acto de misericordia? ¿de compasión? ¿de olvido?
¿de tolerancia? ¿de valor? ¿de inteligencia?
Quien pide perdón... ¿es humilde? ¿es sincero? ¿está arrepentido?
Hace pocos días, en uno de los días más contrastantes y extraños
en la vida de este país, se conjuntaron 3 noticias, al parecer
contradictorias en su contenido, en su origen y en su conclusión.
El accidente en el que murieron 9 personas, entre los cuales estaba
el Secretario de Seguridad Pública: Ramón Martín Huerta. Por otro
lado, un juez, de manera inexplicable (al menos para mí) decidió
no castigar a Luis Echeverría y a otras “finas” personas por el
delito de genocidio, ya que había prescrito... ¿el genocidio puede
prescribir?. Y finalmente, los agentes de la Agencia Federal de
Investigación lograron la libertad de Rubén Omar Romano, quien
había permanecido 65 días secuestrado.
En todas estas extrañas y contrastantes notas hay dos denominadores
comunes, la culpa y el perdón. La culpa, no es un asunto que requiera
de mi interés, pero sí el perdón. Rubén Omar, llega a su casa,
vuelve a encontrarse con su familia, con sus seres queridos...
¡vuelve a la vida! Y su rostro un día después demostraba, alegría
y felicidad... ¿acaso ya había perdonado a sus captores? Eso sólo
le concierne a él. Pero surge en mí la gran incógnita del significado
del perdón. ¿
Qué se necesita para perdonar? Sin querer involucrar a la religión
en esta disquisición (ella nos conmina a perdonarlo todo y a todos
indiscriminadamente), quisiera hablar de los sentimientos humanos
que nos mueven después de haber sido víctimas de un delito o de
un agravio. Y obviamente esteremos de acuerdo que del tamaño de
la injuria, será el tamaño del perdón. No es lo mismo perdonar
una grosería que una infidelidad o un asesinato. La ofensa, el
delito, ahí siguen y nadie los reparará. Hay seres humanos que
han hecho del pedir perdón una forma de vida. Hagan lo que hagan,
ponen su cara de cínico arrepentimiento (sólo la cara) e invocan
el perdón. Siempre acudiendo a la nobleza de la naturaleza humana.
El perdón se nos asegura, es uno de esos extraños sentimientos
que nos convierte en seres racionales. La sociedad, las almas
caritativas, generosas y compasivas les creen y les conceden el
ansiado perdón; acto seguido, con desvergüenza y cinismo regresan
a hacer a otros, lo mismo que lastimó a quienes los perdonaron.
¿Para eso sirve el perdón? Yo de lo único que sí estoy convencido
es que el rencor no deja vivir, el dolor destruye, mata día a
día, carcome la voluntad de ser felices. Para mí, el perdón, es
hacer a un lado el rencor, el recuerdo, el dolor; quien nos quiso
ofender era lo que quería, sembrar el odio y no podemos ni debemos
complacerlos. La vida sigue y hay quienes no conocen la alegría,
pobres de ellos. ¿Quién deberá perdonarlos por autodestruirse?
Sólo ellos mismos. A nosotros sólo nos queda ser capaces de hacer
a un lado los sentimientos que nos destruyen. El castigo se lo
merecen y no por perdonarlos se les va a eximir de recibirlo.
Mucho se nos ha hablado de la nobleza de espíritu, de la grandeza
del alma. ¿Hay modo de perdonar a Hitler, a George W. Bush, al
“Mochaorejas” o a Caletri? Yo creo firmemente que no. Se requiere
de un gran acto de reconciliación entre agresores y ofendidos,
pero a esos que gestaron en su desvariada mente el dolor, que
les caiga todo el peso del castigo y que los perdone... no se
quién. Las víctimas, los agraviados se merecen la vida y esa será
la única forma de perdón que reconozca. No olvidar, no hacer como
que no pasó nada... simplemente hacer a un lado el dolor, el encono;
sobreponernos y concederle a nuestra alma la serenidad y la certeza
de que recuperará la voluntad de vida y de felicidad; voluntad
de la que nadie está exento.
P.D.: Estoy dispuesto a recibir toda clase de
increpaciones. La retroalimentación es una forma humilde de aprender
y es la razón de este portal.
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