La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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¿Hay Futuro?

Hoy quiero platicar sobre algo que seguramente a muchos nos ha sucedido. Cuántos de nosotros no hemos tenido en algún momento de nuestra vida o tal vez en el trabajo la oportunidad de sobresalir y ser brillantes.

Tal vez en el diario desempeño de nuestro trabajo llegó ese día tan esperado, esa oportunidad tan ansiada, en la cual teníamos la oportunidad de mostrar al mundo la capacidad de liderazgo que está en nuestro interior; o que la preparación para desarrollar determinada habilidad era muy superior a la de los compañeros. Vamos, ese día en el que dejamos con la boca abierta a jefes y compañeros; el día en que logramos la eficiencia absoluta, en el que si se hubiera evaluado nuestro desempeño, hubiéramos obtenido el primer lugar... la medalla de oro.

O tal vez, al tener una cita con esa persona que consideramos tan especial, nuestro comportamiento fue irreprochable: con detalles de ternura que hubieran conquistado al ser más insensible; haciendo derroche de buen humor y de optimismo. Esa velada en la que dejamos ver a nuestra pareja el gran error que cometería si pasado el tiempo no sopesaba la gran oportunidad que representaba nuestra compañía. Somos responsables, trabajadores, amantes de la música y el baile, respetuosos y sobre todo maduros... ¡Caray! Todo salió tal y como lo habíamos planeado. Todo era cuestión de esperar un tiempo y seríamos aceptados, reconocidos y recompensados.

¡Pero...! Pasaba el tiempo, la incertidumbre nos abatía. Tratábamos de escudriñar en la mirada del jefe, seguíamos haciendo propuestas y demostrando a propios y extraños que éramos el alma del equipo, el motor de la empresa. Por otro lado, hacíamos llamadas comprometedoras y hasta infantiles, tratando de que esa persona que era nuestra ilusión, nos dijera que sí, que efectivamente ya lo había pensado, que éramos el amor de su vida. Y finalmente, después de una larga espera, nos teníamos que enfrentar a la triste realidad. ¡No pasaba nada! Nadie se dio cuenta de nuestro esfuerzo; pasó totalmente inadvertido o, en el mejor de los casos, laboralmente sólo habíamos cumplido de manera eficaz nuestra obligación. En los terrenos de la esperanza y los sentimientos, las cosas no iban mejor, para esa persona que nos mantenía recorriendo con aire bucólico las nubes del amor, éramos tan sólo “alguien mono y simpático”... ¡Qué gran tragedia!

¿Valió la pena el esfuerzo? ¿Hay futuro? ¿Tiene caso seguir intentándolo? Habrá algunos de mis amables lectores que ya se hartaron, que ya claudicaron. Estarán aquellos que son de reciente llegada al terreno de las frustraciones y que necesitarán tiempo y tropiezos para darse cuenta de que no a todos les está deparado el éxito y la fortuna. Que la única satisfacción que hay que esperar, es la personal, ser fiel a nuestras convicciones y a nuestros principios, ser coherentes con una forma decente y comprometida de ser cada día mejores seres humanos. El resto es vanidad y “suerte”.

¿A qué viene esta apología al desastre emocional? La selección de futbol sub 17 (o mejor dicho súper 17) realizó un trabajo indescriptible de eficacia, responsabilidad y buen desempeño ¡Son campeones del Mundo! Será este el arranque de un futuro promisorio y lleno de satisfacciones o, no pasará nada y pasado un tiempo nos tendremos que preguntar nuevamente: ¿Valió la pena el esfuerzo?...

¿Hay futuro? Pasará el tiempo y esperemos no nos defrauden, y sinceramente, espero no los defraudemos a ellos que nos dieron una gran alegría.
 
 
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