La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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El Heróico Sindicalismo

Tal vez, los que hemos trabajado toda nuestra vida por honorarios profesionales, desconocemos por completo el avezado espíritu solidario y fraternal que impulsa y da vida al sindicalismo. Sin embargo, también he de reconocer públicamente que cuando no se tiene el “apoyo” de un sindicato, uno como trabajador se ve en la necesidad de hacer lo posible y hasta lo imposible, por tratar de sobresalir, de conservar la fuente de empleo y sobre todo ser respetuoso de las normas mínimas de responsabilidad y entrega. Y aunque ya en mi colaboración anterior platique sobre las posibles frustraciones que provoca ser el empleado invisible... es decir, el que por más intentos que haga, pasa inadvertido, también he de reconocer que haber podido mantener un status de ingresos y de profesionalismo teniendo como único aval nuestro trabajo, es muy satisfactorio.

¿Adónde quiero llegar con tantos rodeos? A la duda existencial que me provoca ver el comportamiento de algunos sindicatos en nuestro país, y más que de los agremiados a los distintos gremios, me genera desasosiego la actitud de los líderes sindicalistas. Muy joven tendrá que ser quien no sepa la historia en este país de la CTM y sus vetustos líderes: los ya difuntos Fidel Velásquez y Leonardo Rodríguez Alcaine y ahora, el no menos anciano y sospechoso Joaquín Gamboa Pascoe. Tampoco se necesita ser un profundo analista de la política laboral para darse cuenta que la mayoría de los sindicatos de este país, no representan más que un botín político y una garantía de votos para el PRI. Jamás ha existido un mínimo de interés por la clase trabajadora. Los líderes son los títeres en una farsa muy bien representada que sirven para manejar a las bases según sus necesidades y las instrucciones “de más arriba”. Sabida es la corrupción de los llamado “líderes charros”, la indolencia y la apatía frente a las verdaderas necesidades de sus agremiados y finalmente, es de dominio popular el contubernio contumaz que mantienen con patrones y gobierno.

Por estos antecedentes históricos es que me cuesta mucho trabajo creer en la “sinceridad y el compromiso” de los lidercillos de los trabajadores del Colegio de Bachilleres, del Sindicato de Trabajadores del IMSS, del Sindicato Mexicano de Electricistas o de los trabajadores de la UNAM, que han convertido a la huelga en un instrumento de presión y extorsión que en nada beneficia a los trabajadores, pero que sí perjudica al país. ¿Acaso no se dan cuenta del daño que le hacen a miles de estudiantes que llevan más de un mes sin estudiar? ¿Tampoco se dan cuenta que si persisten en su necedad de conservar las cuotas de retiro para los trabajadores jubilados del IMSS, provocarán su quiebra y su desaparición? ¿O tal vez no quieren darse cuenta de que la Compañía de Luz y Fuerza del Centro está quebrada y que mantenerla en las actuales condiciones genera un pésimo servicio y una absoluta inviabilidad a futuro? ¿O en el caso de los universitarios, no son buenos para apoyar el cobro voluntario de cuotas extraordinarias a los alumnos que deseen colaborar con la Universidad, pero sí lo son para exigir sustanciales aumentos de salarios? ¿A quién tratan de engañar? Acaso los trabajadores no se dan cuenta que son engañados y burlados por sus líderes, quienes finalmente aceptarán las condiciones que impongan los patrones y las autoridades y que mientras los agremiados obtienen un magro e inverosímil aumento salarial, sus representantes se harán acreedores a puestos políticos y a beneficios materiales inimaginables.

Busquen, hurguen, averigüen cómo viven sus representantes y confirmarán lo que digo. Será decepcionante que se den cuenta de la triste realidad del heroico sindicalismo mexicano. Y yo lo siento más, porque ni el país ni los trabajadores se merecen tanta corrupción.
 
 
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