Triste Espectáculo
Seguramente alguno de ustedes ha sido testigo
del triste espectáculo que representan las personas que, ante
la carencia de recursos, se abocan al denuesto y la descalificación
para tratar de vencer a sus adversarios, ya sea en el ámbito emocional,
deportivo o político.
Cuando un hombre o una mujer ven que se acerca a su pareja alguien
que podría representarles una eventual competencia, no recurren
a la inteligencia, a la ternura o simplemente a la confianza de
que se están haciendo bien las cosas. Se van al insulto: “...
está horrible ¿qué le ves?”; “Ay por favor, a leguas se ve que
no sabe ni hablar”; “... con ese carro ha de ser narco”; “Perdóname,
pero esas “bolas” no son naturales, seguro son operadas”; y así
ad infinitum.
En el caso de los deportistas también se dan esta clase de descalificaciones
y el ejemplo más representativo es Hugo Sánchez, que se llena
la boca hablando mal de sus contrincantes y de Ricardo Lavolpe,
sin aportar elementos que realmente sean lo suficientemente contundentes
como para avalar su afirmación. Sólo recurre a consideraciones
despectivas como la de “es extranjero, por lo tanto no sirve”;
“nadie ha logrado lo que yo hecho, por lo tanto soy el único que
lo puede hacer”. A pesar de que en la realidad los hechos demuestren
lo contrario.
Pues bien, este espectáculo triste, patético, lleno de inmadurez
y carente de propuestas y de inteligencia es el que empieza a
caracterizar a nuestra carpa política y sí, digo “carpa” porque
más parece circo que una contienda entre seres civilizados. Apenas
están en las elecciones internas de cada partido para obtener
un candidato a la “gran silla” (o en su caso a la “sillita del
DF”) y dentro de cada uno de los institutos políticos se están
dando hasta con las ollas y las sillas.
Roberto Madrazo y Arturo Montiel están realizando esfuerzos desesperados
por recordarnos las razones por las que los mexicanos decidimos
sacar al PRI de la Presidencia: deshonestidad, juego sucio, falta
de lealtad y de solidaridad, enriquecimientos inexplicables (aunque
en verdad, tienen muchas explicaciones), escándalos, cochupos,
contubernios, insultos, medias verdades, sobornos, difamaciones
(si es que se puede difamar lo ya públicamente desacreditado)
y demás “lindezas” que hacen de los precandidatos del PRI una
opción deleznable. Por otro lado, en el feudo panista, ante la
derrota inminente, Alberto Cárdenas y Santiago Creel, han comenzado
un ataque frontal y sin cortapisa en contra de Felipe Calderón,
sin importar honorabilidad, fraternidad o unidad de partido; el
caso es desprestigiar y derrotar al enemigo. En el escenario perredista,
las cosas no varían mucho, Jesús Ortega precandidato a la Jefatura
del Gobierno del Distrito Federal está empeñado en dejar como
trapo a su contrincante de partido: Marcelo Ebrard.
Y yo me pregunto: ¿En dónde están las propuestas? ¿En dónde quedan
las necesidades del pueblo? ¿Cómo se va a resolver el hambre,
el desempleo, la inseguridad y la corrupción?... ¡No! Por el momento
lo único importante es obtener la candidatura y desprestigiar
al oponente, lo demás es irrelevante. Ya después compraremos las
tortas, los “Boing’s”, las camisetas y las cachuchas para obtener
el voto. Esa es la política mexicana... ¡Qué triste espectáculo! |