¿A Quién Le Reclaman?
Hoy voy a tocar un tema controversial y delicado.
Lo hago en el entendido de que son pocos mis lectores pero fieles,
y en algunos casos, hasta comparten mis dudosos razonamientos.
Hoy tengo una gran duda.
Después de varias semanas de ver, escuchar y compartir la desgracia
de millones de seres humanos, tanto en México como en otras partes
del mundo, empieza uno a discurrir una serie de incertidumbres,
que no se si sean correctas, pero que sí son válidas. Millones
de seres se han visto despojados, no de sus lujos ni de sus excesos,
fueron literalmente arrasados, lastimados, agraviados en su única
posesión…su vida y en muchos casos sólo les queda eso, una vida
con pocas esperanzas. Asimismo, me tocó asistir al funeral de
una criatura de 18 años, sana, comprometida, cariñosa, criada
con amor, quien perdiera la vida al ser atropellada por una de
esas bestias que la sociedad pone al frente de un volante sin
la menor prueba de habilidad o conocimiento de lo que es conducir
un vehículo. Obviamente esos imprudentes, esos asesinos en potencia
andar libremente cometiendo sus atrocidades y en muchos casos
permanecen protegidos por la impunidad y la indiferencia.
Si uno tiene la delicadeza de averiguar la situación del mundo
en el que vivimos, nos daremos cuenta de que hay millones de seres
sobre la tierra que no tienen nada… literalmente nada y hay unos
cuantos que lo tienen todo. Es más, tienen tanto que no saben
que hacer con lo que tienen.
En ningún momento he pensado que quienes deberían ser lastimados
sean los afortunados; no se resolvería nada con ello. Simplemente
me surge la duda, aquellos que no tienen nada y además les caes
el mundo encima… ¿A quién le reclaman?
En alguna de mis colaboraciones anteriores, he criticado la labor
de la iglesia católica; sin embargo, en este caso la queja no
podría ni tendría que ser en contra de ella pues son decisiones
totalmente fuera de su jurisdicción, aunque sí me pesa la justificación
de que vivimos en un valle de lágrimas y nuestra obligación es
aceptar el dolor y rezar. Esto va mucho más allá, hay una divinidad
que nos ha puesto ha prueba y no hemos aprobado el examen. Yo
quiero creer que no fuimos enviados a esta tierra a sufrir, eso
sería absurdo. Además, por qué unos sufren más y otros menos.
Yo creo que se trata de buscar un equilibrio, una equidad, en
la cual todo ser humano tengo lo mínimo indispensable para vivir
y ser feliz (que en realidad no se requiere de mucho para serlo).
No hay espacio para reclamos… ni modo de reclamarle a Dios. Para
lo que sí hay lugar es para tratar cada día de ser mejores seres
humanos, cada uno de nosotros y la humanidad en general. Exigir
como miembros de la especie humana, como sociedad, un mínimo de
justicia y equidad. Hagamos valer los derechos de los desposeídos,
de los menos afortunados, de quienes su única obsesión diaria
es sobrevivir sin dolor y sin hambre. No hay que buscar culpables,
hay que encontrar soluciones… Que quede en la razón de cada quien
su compromiso y su aportación. ¿Es acaso esto mucho pedir?. |