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¿En Dónde Quedó La Cortesia?

Decía un maestro que tuve en la secundaria que la educación se aprendía en casa (en realidad era un poco más drástico en su lenguaje, pero por respeto y cortesía no tengo que usar las mismas palabras que él utilizaba) y creo que tenía razón. Últimamente me he enfrentado a una serie de circunstancias que me hacen pensar que las nuevas generaciones no están adecuadas a esta rara virtud llamada “cortesía”.

Hubo un tiempo en nuestra sociedad, en que ser cortés, gentil y educado era una virtud muy socorrida y hasta una obligación. Aunque claro, los machos siempre han existido y siempre han sido la derivación del cumplimiento de sus caprichos y del exceso de mimos por parte de su madre. Pero hasta esos patanes mal llamados “machos” solían tener ciertas atenciones con una mujer, léase por ejemplo “abrir una puerta” o jalar una silla para que se sentara la dama en cuestión. Sin embargo, hoy en día, estas atenciones lejos de ser ofrecidas, son mal recibidas. Si uno tiene la “puntada” de bajarse de un vehículo para abrirle la puerta a nuestra acompañante, es visto como animal raro y lo único que vamos a recibir es un comentario semejante a: “¿Qué vas a hacer?... Yo me puedo bajar sola, no soy inútil”. En los tiempos de nuestros padres, las mujeres no fumaban, (ni tomaban tequila) actualmente sí lo hacen (lo cual me parece una decisión personal e incuestionable), pero si uno tiene la fina atención de tratar de encender el cigarrillo, también es uno criticado por “menospreciar e inutilizar” a la mujer.

Estas son tan sólo algunas de las cortesías que han desaparecido, pero hay otras que son simplemente formas de convivencia y que deberíamos respetar y no lo hacemos. Por ejemplo, al manejar y enfrentarnos a una crucero vehicular de alta circulación, lo menos que podemos hacer es entender que la única forma de avanzar es “uno y uno”, se deja pasar a un auto, y por consecuencia, del otro lado se deja pasar a otro, pero ¡no!, eso no es posible, si ya pasó el de adelante, de una vez vamos todos... ¡que se frieguen los otros! Muchas veces he detenido el vehículo para permitir cruzar la calle a una anciana o a una mujer o un niño, acto seguido quienes se encuentran detrás de mi auto, utilizan su ocarina (o sea claxon) para hacer referencia a la más vieja de mi casa... y lo acompañan con gritos tales como “muévete ca...ón” y lo que es peor, a quien uno le tuvo la atención no es ni siquiera para dar las gracias y balancear el momento de apuro. Ha sido de gran tradición en la diplomacia mexicana, el respeto a la autodeterminación de los pueblos (bueno era, en estos momentos la diplomacia mexicana atraviesa por uno de sus momentos más difíciles... ¿verdad, señores Fox y Derbez?) Y por consecuencia el respeto a la autodeterminación de las personas debería ser igualmente importante; sin embargo, nos fascina hacer escarnio y denostar a quien se nos atraviesa, mucho me preocupa la obsesión de aquellos “varones muy machos”que creen que la homosexualidad se contagia y que si saludan o son atentos con alguna persona con esa preferencia, inmediatamente quedarán estigmatizados... ¡por Dios! El respeto y la cortesía a nadie se le niega. Ustedes intenten saludar a alguien en la calle o al llegar a su oficina y serán vistos con ojos de ¿Y ahora a este qué le pasa?”.

Obviamente por restricciones de espacio, no sigo adelante, pero recuerden una cosa que sí es definitiva. Esa educación no la enseñan en la escuela, es muy difícil esperar que un infante sea medianamente cortés y educado, si en su casa está rodeado de “pitecatropus erectus” que no son capaces de la menor cortesía con sus semejantes convirtiendo la convivencia en un verdadero infierno. Los chamacos son el reflejo de lo que ven en sus hogares (la mayoría, aunque siempre hay excepciones). Por lo tanto, mis queridos lectores, si ustedes tienen bajo su tutela algún tipo de menor, es su responsabilidad desasnarlos en estos menesteres para que luego no nos tengamos que preguntar ¿en dónde quedó la cortesía?
 
 
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