Ya Viene Navidad...
Esta es una aseveración que algunas personas
puede llenarlas de desprecio, temor, odio y en algunos pocos casos
felicidad. En lo que a mí corresponde, representa una extraordinaria
oportunidad para reunirme con los amigos y la familia... ¡Aunque
suene increíble!
Efectivamente, lejos de toda la mercadotecnia, el bombardeo comercial,
la influencia anglosajona del Santa Claus, el árbol navideño y
de la frase “Merry Christmas” (de acuerdo, haciendo gala de sinceridad
no corresponden a la tradición o a la cultura latina y ¿qué mas
da?). La Navidad y el Fin de Año son parte de una temporada llena
de ternura y de reconciliación con nuestro creador y con aquellos
que intencionalmente mantuvimos lejos de nuestra vida el resto
del año.
Nunca faltará la señora que llevada por un arrebato exhibicionista
decide que si su casa no es la mejor arreglada de la colonia,
mejor no hacer nada. Si su vestido para la fiesta de los Inchaurrandieta
no va de acuerdo con la ocasión... será preferible no ir. En el
intercambio de regalos es fundamental quedar como Dios y si el
límite del regalo es de 100 pesos, nosotros regalamos uno que
cueste $ 300, para quedar bien. Obviamente alguien más inteligente
que nosotros nos obsequiará con un presente significativo que
costó exclusivamente 30 pesos y nosotros haremos un entripado
espantoso, sólo por ostentosos.
Otro motivo de molestia por la llegada de la Navidad a nuestra
vida es el inminente incremento en nuestro peso. ¡Uf! Méndigas
fiestas, para lo único que sirven es para subir de peso con las
comidas y las bebidas; para hacer gastos innecesarios. Y por si
esto fuera poco, nunca falta la señora que sale con su desgano
y desprecio por la Navidad, pues su hijo Johnathan (nombre 100%
castellano) está en Sudáfrica y no va a llegar la cena. Si el
susodicho “moconete” está a esa distancia, hay que considerar
la posibilidad de que sea voluntariamente y hasta puede que la
esté pasando “bomba”; ¿por lo tanto cuál es el coraje en contra
de la festividad? Otro denuesto es el de “Tu padre se largó y
nos abandonó un 20 de diciembre... cómo quieres que disfrute estas
fechas, si tan sólo de acordarme me dan ganas de matarlo por amargarme
la vida”. Mi querida señora, surge la posibilidad de que se haya
“largado” para ya no escuchar sus quejas y sus lamentaciones.
La única posibilidad de ser feliz es teniendo toda la intención
de serlo. Si nos proponemos la amargura y la desdicha, les garantizó
que lo lograrán, con gastos, sin gatos, con familia o sin familia.
Yo en lo personal, pongo mi primer árbol de navidad en la primera
semana de octubre... ¿qué si estoy loco? Tal vez... Pero lo único
que no me van a arrebatar las deudas, la muerte, los desencuentros,
el frío, el trabajo, los amigos, los enemigos, las enfermedades,
o cualquier otra excusa, es la posibilidad de reconciliarme con
la vida... ¡mi vida! La única que tengo. Y sobre todo con la posibilidad
de ser feliz y otorgar felicidad a unos cuantos, no con regalos,
sólo con compañía, con cariño y por qué no, hasta con amor. |