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Los Nervios

Pocas horas antes de escribir esta colaboración tuve que llevar a mi hijo al doctor pues traía un fuerte dolor en la espalda manifestado a través de una bola (descripción poco ortodoxa, pero muy mexicana). El diagnóstico, una contractura muscular provocada por el stress, cuyo significado más simple es: “nervios”, “preocupación”. Después de la medicación correspondiente, el dolor disminuyó, pero seguramente volverá a aparecer si es que no se corrige el origen del malestar ¿Y cuál es ese origen? La inseguridad.

Vayamos a algunos casos prácticos: (siempre las ejemplificaciones ayudan mucho) Una señora poco experimentada se enfrenta a un cajero automático, haciendo a un lado la obvia preocupación ante la posibilidad de ser asaltada, la señora se enfrenta a una “máquina infernal” que “escupe” dinero pero que es complicadísima de operar, por lo tanto la señora piensa: “seguro se va a dañar” o “no me va a dar el dinero” o simplemente “la voy a regar”. Otro ejemplo: un estudiante se enfrenta a la hoja de un examen (de una materia a la que sólo le dedicó un par de horas la noche anterior); por supuesto que está que se come las uñas, se le amontonan los pocos conocimientos en la cabeza, se le revuelven y no les puede dar el cauce correcto para responder a dicha prueba. Otro ejemplo: una secretaria es contratada para realizar ciertas actividades en una empresa, contestar el teléfono, tomar ciertos dictados, hacer ciertas llamadas y hablar con algunos proveedores... pero por la presión se “atolondra” y hace todo al revés o se le olvidan algunas cosas. Un doctor o una abogado o tal vez un arquitecto, salen graduados de la universidad, pero al enfrentarse a la cruda realidad son brutalmente exhibidos por algún subordinado (llámese enfermera, coyote o chalán) y a pesar de tener los conocimientos para resolver los problemas, se bloquean y no lo pueden hacer. Lo mismo sucede cuando a pesar de haber tomado un curso de manejo, nos enfrentamos por primera vez al tránsito vehicular nosotros solos.

En la mayoría de los casos, las víctimas de estas circunstancias aluden a un pretexto maravilloso: “me puse nervioso” y por eso no pude hacerlo. Efectivamente si dejamos que los nervios se apoderen de nosotros, nada nos saldrá bien. Pero, también hay que estar conscientes de que los nervios aparecen ante la inseguridad de nuestros conocimientos o habilidades. Si estuviéramos seguros de lo que sabemos hacer o de lo que aprendimos, estas situaciones no se presentarían. Por lo tanto mi consejo es: ocuparnos de la inseguridad, asegurar nuestra base de conocimientos y todo saldrá bien. ¿Por qué lo digo? Pues simple y llanamente porque en mi profesión de actor me he enfrentado muchas veces a esta circunstancia. Si no está seguro el parlamento, se pone uno nervioso y entra en pánico. Mucha gente me dice: es que “yo no podría enfrentarme a tanta gente... no sabría que decir” ¡Pues claro! Si no sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer o decir, obviamente nos quedaremos aterrados, inmovilizados y en absoluto silencio, con dolores de espalda, contracturas musculares y hasta con parálisis faciales. Señores, los nervios son una excelente manifestación de que hay sensibilidad y hay una voluntad de cumplir, pero jamás dejemos que la inseguridad nos venza. Estudiemos, preparémonos y estemos seguros de lo que sabemos hacer. Bajo esta premisa, jamás nos vencerán “los nervios”.
 
 
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