A Medias
Francamente, a veces es desesperante vivir
en un país en el que todo es “a medias”; todo está a medio a acabar,
a medio comenzar. Desde hace muchos años nos hemos ido acostumbrando
a que todo a nuestro alrededor no está terminado... ¡pero qué
importa!
Esta situación viene desde que somos pequeños; en la escuela cumplimos
a medias, hacemos la tarea a medias, estudiamos a medias y por
supuesto aprobamos a medias. Ya en la adolescencia esta tendencia
se exacerba, por lo que llegamos al colmo de la mediocridad y
si alguien no nos obliga a cambiar esta actitud, en poco tiempo
se integrará a nuestra personalidad hasta enquistarse y volverse
un tumor muy difícil de erradicar.
Si el hacer las cosas a medias sólo nos perjudicara a nosotros
mismos, estaría por demás que me estuviera quejando, pues sería
responsabilidad de cada uno hacerse consciente de su apatía, pero
en la mayoría de los casos esa dejadez, rebasa los límites de
la individualidad y trasciende hasta terceras personas y en algunos
casos hasta una comunidad completa.
Como ya lo he mencionado, los ejemplos ayudar a clarificar ciertas
aseveraciones, por lo tanto voy a mencionar tan sólo algunos:
el primero y más lastimoso para la sociedad en general, es el
referente a la impartición de justicia; cada que vamos a levantar
una demanda o acudimos al Ministerio Público en busca de justicia,
sabemos de antemano que aparte de la desidia del funcionario,
la averiguación correspondiente se irá diluyendo en un mar de
nimiedades, vaguedades y finalmente se perderá en un archivo o
cajón. Este problema es consecuencia de esa actitud mediocre y
apática de muchos mexicanos... “mire, la verdad es que comenzamos
la investigación, pero no se pudo terminar por...” y en ese momento
comenzarán los veinte mil pretextos para dejar a medias el proceso
judicial. Otros ejemplo: es de todos sabido que para nuestras
autoridades es fundamental presumir, ufanarse y hasta enorgullecerse
de sus “supuestas obras civiles”, sin embargo, es también muy
común que dichas obras sean inauguradas a medias, tan sólo para
poder hacer toda la parafernalia correspondiente a dicha ceremonia
y poder pararse el cuello ante la ciudadanía. Lo que nuestro querido
Germán Dehesa ha dado en llamar “acabado de inauguración”. Y lo
más seguro es que nunca más se acerque alguien a darle el acabado
final, pero lo importante es que ya fue estrenado, se tomaron
las fotos y se publicó en la prensa y en los medios... lo demás
ya no importa. El segundo piso del periférico es la prueba más
clara de esta situación. Cada 10 metros que construyen, hacen
una ceremonia aunque todavía falten varios kilómetros. Lo mismo
sucede con el mantenimiento del pavimento de las calles, con el
desasolve de los drenajes, el arreglo de las luminarias, la nomenclatura
de las calles, las reformas a las leyes o la constitución. Todo
es: “en vía de mientras”... “ya merito”... “ya casi”... “me falta
poquito” y en el me falta poquito, nunca lo terminan.
Podremos darnos cuenta de que este proceso está en estado larvario
cuando a nuestros hijos les preguntamos acerca de su tarea y responden:
“ya casi” o si inquirimos acerca de la lectura de una lección
o de un estudio, empiezan a cuantificarnos sus avances: “ya llevo
una página... ya llevo dos, ya llevo tres... ¿tengo que leer todo
o ya con las tres páginas es suficiente?”. Si autorizamos el abandono
de la lectura, estaremos incubando a otro mexicano amante del
“a medias”. Si ustedes al igual que yo, aborrecen esta conducta
no sean proclives a ella y mucho menos la fomenten. Erradiquemos
el “a medias” de nuestro país, lleguemos “hasta las últimas consecuencias”
(frase muy recurrente en las Procuradurías de Justicia de nuestro
país y que significa que dejarán todo “a medias”). ¿Si entendieron
la paradoja? |