No Generalicemos
Antes que nada, queridos lectores, muy feliz
año 2006. Tal vez en un futuro no muy lejano me permita contarles
mi experiencia para recibir el año nuevo, que lejos de ser un
evento memorable, presenta una serie de paradojas muy interesantes.
Sin embargo, para ustedes y para nuestro país, deseo lo mejor
de lo mejor (aunque con los candidatos que tenemos y las propuestas
políticas actuales no es muy halagador el panorama).
Hoy quiero hacer un llamado a la cordura, porque desde hace varias
semanas me tiene muy preocupado la actitud hostil en contra de
los Estados Unidos que se ha despertado entre nosotros. Antes
que nada me gustaría recordar aquella imagen de un indígena mexicano
dormido a la sombra de un nopal como ejemplificación de lo que
era el pueblo mexicano y obviamente, era una imagen que nos agredía
y nos ofendía. Porque si bien en algún lugar existía ese sujeto
ladino e indolente, también era cierto que México era un país
en desarrollo y con gran voluntad de trabajo y superación. Pues
bien, si tanto nos agredió esa imagen generalizada del pueblo
mexicano, no hagamos lo mismo con los habitantes del multiétnico
y pluricultural vecino del norte. Para empezar no todos los norteamericanos
son “arios xenofóbicos”. El fundamento racial de los Estados Unidos
ha sido y será siempre la inmigración (¿o no es así Sr. Schwarzenegger?),
por lo tanto no puede ni debe de ningún modo establecer políticas
raciales segregacionistas. Lo que es más, estoy seguro que la
mayoría de los habitantes del país del norte no son enemigos de
los mexicanos y son muchos los que reconocen su aportación al
desarrollo cultural y económico de su país. Quienes verdaderamente
son unas bestias y están tratando de despertar ese odio racial
son unos cuantos discapacitados que están a cargo de la política
exterior y la seguridad de ese país; así como estos pequeños grupos
de “blancos retrógradas” sobrevivientes del Ku Kux Clan que no
representan ni con mucho una mayoría en los Estados Unidos. Claro
está que con estos pequeños grupos es suficiente para hacerle
la vida de cuadritos a nuestros compatriotas que se ven en la
necesidad de “huir” de su país para buscar mejores formas de vida
en otro lugar, ya que su propio terruño no se las proporciona.
Por lo tanto, primero propongamos mejorar nuestro país, segundo
exijamos el castigo que se merecen a quienes cometen los delitos
en contra de los inmigrantes en los Estados Unidos y tercero:
no generalicemos, no todos los norteamericanos son George Bush,
ni el austriaco descerebrado que gobierna el estado de California
(afortunadamente). |