Lo Malo Se Pega:
Sin tratar de hacer generalizaciones (a las
cuales ya previamente me opuse terminantemente), sí creo que hay
ciertos indicativos que son un reflejo de las normas que rigen
a una sociedad. Por ejemplo, en los Estados Unidos se desató desde
hace varios años una guerra sin tregua en contra del tabaquismo,
sin embargo, a pesar del relativo éxito de esta enconada lucha,
poco se ha hecho por combatir la drogadicción, en cualquiera de
sus versiones, llámese uso, abuso y consumo de drogas como la
marihuana, la cocaína, la heroína y las anfetaminas. Lo peor del
asunto, es que las autoridades norteamericanas* (presuntamente
coludidas en esta actividad) pretenden culpar a los países productores
por la existencia de estas sustancias. Nada más absurdo, si no
hay consumo, no hay producción, esa es una ley de mercado irrefutable.
Lo impresionante es que en los mismos Estados Unidos se haya producido
una cinta como “Supersize me” en contra del consumo exagerado
de hamburguesas y comida chatarra, así como las nefastas consecuencias
que este consumo desmedido provoca. Si son capaces de admitir
que su población está en grave peligro por el grado de obesidad
que presenta... ¿por qué no son capaces de admitir su culpa en
el asunto de las drogas? (*: la respuesta es obvia, pero pretendo
hacerme el que no lo entiende).
Lo peor de este asunto es que ha llegado a tal grado de descomposición
la sociedad de consumo norteamericana, que ya tienen saturado
el mercado y los grandes “capos” de este nefasto comercio pretenden
ampliar sus mercados. La conclusión de este círculo vicioso, es
que en países en donde sólo se fabricaban las drogas para consumo
en los Estados Unidos, ahora se está incrementando el número de
adictos; y obviamente uno de los primeros afectados es nuestro
país. ¿Qué procede entonces? Uno de los primeros pasos sería incrementar
de manera inmediata la recuperación de valores éticos; segundo,
la difusión de los efectos por el consumo de las drogas; tercero,
la impostergable mejoría en la calidad de vida de la juventud
(principal mercado de las drogas); cuarto, generar descrédito
social hacia los narcotraficantes, cuya vida y conducta, actualmente
es admirada y respetada; y finalmente, buscar y elegir autoridades
verdaderamente comprometidas con el desarraigo del consumo interno
y el narcomenudeo.
Y que conste que este esfuerzo, nos compromete a todos como miembros
de una misma sociedad. No creamos que no estamos involucrados,
porque si no participamos en la lucha, algún nos convertiremos
en una víctima más. |