El Respeto
Respeto: Veneración, acatamiento
que se hace a alguien. Miramiento, consideración, deferencia.
A últimas fechas me ha empezado a preocupar un problema
que con el paso del tiempo, tiende a convertirse en una verdadera
fractura social: la falta de respeto.
Imaginemos una familia en donde el padre o la madre, no son respetados
por sus hijos; o acaso una empresa en la cual el patrón
es motivo de burlas, sarcasmos y sus empleados no hacen caso de
sus indicaciones. Tratemos de entender un país en el que
la policía y las autoridades (gobernantes) no son sujetos
de respeto. Y por supuesto, no estoy hablando de la veneración;
sino única y exclusivamente de la consideración,
la deferencia y el acatamiento de las leyes...
¿Ya se lo imaginaron?
No me digan... pensaron en México. Efectivamente, en este
nuestro país, hemos perdido absolutamente el respeto...
y en general el respeto a todo. No respetamos a nuestros ancianos,
los tratamos como a bultos, como a estorbos. Las escuelas modernas
promueven la actitud contestataria (Que polemiza, se opone o protesta,
a veces violentamente, contra algo establecido) de los jóvenes,
lo que obviamente se traduce en que a los padres y a los maestros,
los tratan como a iguales y frecuentemente los mandan a volar,
haciendo caso omiso de sus indicaciones. Ni decir del respeto
a las leyes... las pisoteamos de manera inmisericorde (Dicho de
una persona: Que no se compadece de nadie) Las burlamos, les buscamos
el recoveco, la vuelta, todo con tal de no respetarlas. ¿Tiene
caso hablar de nuestras autoridades? ¿Qué es lo
primero que pensamos cuando se nos acerca un policía? ¡Que
ya viene a transarnos! Su preparación, su trato, su conocimiento
de las leyes, sus bajos salarios y por su puesto su aspecto, nos
lleva a burlarnos de ellos, a no hacerles caso y a ofrecerles
“una limosna” para que nos dejen seguir haciendo lo
que nos venga en gana.
Y por si todo esto fuera poco, nuestros gobernantes, con mucha
frecuencia hacen declaraciones o toman decisiones que nos obligan
a perderles el respeto.
Toda esta cadena de desacatos (antónimo de respeto), está
generando una sociedad violenta, sin control y por supuesto familias
con un alto índice de tensión. Urge una renovación
social en la que entendamos que la única forma de convivencia
es el respeto. Respeto a los que dices, a lo que piensas; que
tus actos no afecten a los demás. Que nuestras leyes sean
códigos que garanticen nuestros derechos y los de los demás.
Que las autoridades impongan un estado de derecho y sobre todo,
que nuestros gobernantes nos respeten y se respeten a sí
mismos. De no suceder este cambio, poco tiempo habrá de
pasar antes de que padezcamos las consecuencias. Yo les sugeriría
amigos lectores, hacer un serio análisis y por lo pronto
en su entorno, a su alrededor, convocar al respeto y a la sana
convivencia. Es por el bien de ustedes, de todos nosotros... de
nuestros hijos y de nuestro país. |