Mexicanos de Segunda:
Cada día se acerca más la realización del
campeonato mundial de futbol en Alemania, y por consecuencia,
cada día somos más atosigados, presionados y atormentados con
la publicidad referente a este torneo: “Compre papitas y vaya
al mundial”; “Póngale aceite a su coche y váyase al mundial”;
“Hártese de comer pan y junte las estampitas del mundial”; “Tome
mil litros de leche y colecciones las réplicas de los jugadores
de la selección”; “Ponte la verde y no te la quites” (signifique
lo que signifique). En una palabra, el mundial no sólo es una
competencia deportiva, es una competencia de mercadotecnia y de
publicidad. Todo es cuestión de aguantar y tener paciencia, para
mediados de julio todo habrá terminado (el Mundial y las elecciones),
eso nos permitirá retomar nuestra vida con cierta tranquilidad;
siempre y cuando los fanáticos del futbol acepten que México no
sea campeón y que los derrotados en las elecciones sepan civilizadamente
reconocer su derrota (cosa que desde este momento veo muy difícil,
pues el nivel intelectual de las campañas y de los candidatos
es pueril).
Pero el motivo de mi disertación no eran las innumerables presiones
publicitarias ni la inmadurez de nuestros políticos, la razón
que me lleva a escribir estas palabras (aparte de poder mantener
comunicación con ustedes queridos lectores) es llamar su atención
sobre un punto que me parece importante. Durante muchos años México
ha sido un estandarte democrático de la política internacional;
ha sido un verdadero refugio y hasta un hogar para miles de extranjeros
que al salir huyendo de sus tierras ya sea por guerras, persecuciones
políticas, hambrunas o falta de oportunidades, encuentran en nuestro
país: seguridad, cordialidad y fraternidad (siempre hay un negrito
en el arroz, pero afortunadamente son las minorías). El punto
es que finalmente la legislación mexicana reconoce la posibilidad
de tener dos nacionalidades y así muchos extranjeros adoptan a
México como su tierra madre adoptiva y aspiran a tener los mismos
derechos y obligaciones que cualquier otro mexicano por nacimiento.
¿Pero qué pasa? Que de pronto empiezan a surgir voces que se oponen
a la presencia de jugadores como Zinha o Guillermo Franco en la
selección mexicana, que porque no son mexicanos... ¿y entonces
de qué sirvió la nacionalización? Porque además, al recibir la
nacionalidad, los documentos aclaran “mexicanos por naturalización”
(lo cual es una forma de discriminación) y además siguen restringidas
para estos mexicanos, ciertas actividades, entre las cuales se
incluyen las políticas. Por lo tanto, debo suponer que entonces
son efectivamente mexicanos, pero de segunda y con limitaciones
(ahora sí, en este caso “aplican restricciones). Si México es
un país que creció como un crisol de razas y culturas, debería
reconocer a sus nuevos ciudadanos como tales, sin restricciones
y sin distinciones, porque finalmente nos guste o no, ya son tan
mexicanos como cualquier otro. ¿O no? De otro modo ¿cuál es el
caso de reconocer su amor por México, si de todos modos no los
vamos aceptar como compatriotas, si los vamos a seguir considerando
extranjeros? Piénsenlo y me lo comentan... |