¡¡¡¡No Soy Una Firma.
Soy Un Ser Humano!!!
Obviamente estoy parafraseando a aquel tristemente
célebre “Hombre Elefante”: Joseph Carey Merrick (llevado al cine
por David Lynch en 1980), y es que ya van varias ocasiones en
que realmente me siento agredido por una sociedad que no me entiende
y no me acepta (sí ya sé, me estoy poniendo un poco patético),
pero así es la triste realidad (aseveración que no dista mucho
de ser un lugar común).
Trataré de dejar a un lado los comentarios irónicos y explicaré
mi dicho (como dicen los abogados). Sucede que desde pequeño se
me aseguró que la firma era un símbolo gráfico que lo identificaba
a uno y que además, era una muestra muy clara de nuestra personalidad,
y por lo tanto tenía que ser concienzudamente diseñada para realmente
cumplir con estas características. Así lo hice, diseñe una firma
grande y ostentosa que es una clara muestra de mi personalidad
jactanciosa y exhibicionista (por eso soy actor). Todo sería maravilloso,
si no fuera por las experiencias negativas a las que nos enfrenta
la vida. Mientras no existía la cibernética, todo era perfecto,
podía hacer mi firma grande y ocupando el espacio que yo quisiera.
Pero llegaron las computadoras y con ellas los espacios restringidos...
“...por favor firme dentro del recuadro y no se salga”. Resulta
que ahora, cada que uno intenta obtener algún tipo de documentación,
ya sea la credencial de elector, la licencia de conducir o simplemente
abrir una cuenta de cheques en un banco, tiene uno que restringirse
al campo de captura que la computadora exige y es ahí en donde
comienza mi calvario. Está claro que cada que se presenta uno
de estos casos no voy a generar una discusión bizantina, sólo
porque me parece que los famosos “campos de captura” son muy reducidos.
Invento una firma parecida a la mía y punto. Acto seguido, al
usar dicha chequera o tarjeta de crédito firmo como lo he hecho
siempre y se acabó... “bueno eso era lo que yo creía”, porque
a los empleados de todos los establecimientos comerciales y bancarios
les han enseñado que no existe el ser humano con rostro, manos
y cuerpo... “el ser humano es tan sólo una firma y esa
es su única forma de identificarse”. ¿Entienden ustedes
tamaña estupidez? Resulta claro y elemental que cuando ven mi
firma, no coincide con la que esta al reverso de la tarjeta de
crédito o con la que está inscrita en la computadora “como firma
registrada y autorizada”, por lo tanto, tengo que hacer uso de
un documento probatorio oficial con foto para identificarme y
confirmar mi identidad. Sin embargo, lo absurdo es que al revisar
dicho documento, inmediatamente se remiten a la firma al reverso
(la cual tampoco coincide con la que acabo de realizar). Es entonces
cuando me veo en la necesidad de remarcarle a la persona que duda
de mi identidad: “Pero vea usted la foto, soy yo”. Pues nada,
no importa que el de la foto sea idéntico a mí (es decir soy yo).
Lo único que le importa es la firma... y entonces para qué demonios
sirve la foto. Es más Bancomer (institución bancaria que desde
que fue adquirida por BBVA, ha deteriorado su servicio de manera
ostensible) alguna vez otorgó a sus clientes tarjetas de crédito
con fotografía y en los centros comerciales seguían revisando
la firma, no la foto. ¿Qué les pasa? Desde que nacemos, hasta
que morimos, somos seres humanos con un rostro y un cuerpo tangible
y visible... “no somos una grafología virtual e intangible”. Alguien
explíqueme, por qué le podemos tener más confianza a una firma
que a una foto. Las miles de veces que han robado tarjetas de
crédito, les vale la firma, nadie la corrobora y cualquier delincuente
es capaz de falsificarla en 10 minutos. En los mismos bancos,
se identifica uno con credencial de elector, pasaporte o cartilla
militar y de todos modos le dicen a uno... “su firma no coincide”...
¿Qué les pasa?... ¿Si la foto no coincide, pero
la firma sí, autorizan el pago?... ¿Ahora entienden la razón de
mi afirmación desesperada? ¡¡¡No soy una firma. Soy un ser humano!!!
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