Semana de la Pasión
Estamos procesando lo que se ha dado en llamar
la semana santa, la semana mayor o la semana de la pasión. ¿A
ustedes cuál les llena más? Yo, en lo personal, escojo “la semana
de la pasión”. Y obviamente he de explicarles el por qué.
La razón de la denominación de esta temporada es de origen religioso:
La Crucifixión de Jesús (el cual fue un acto de pasión), pero
en la actualidad sirve para todo menos para buscar la introspección,
al análisis de nuestra fe, renovar nuestras creencias o simplemente
visitar el templo de nuestra predilección. No, para lo que sirve
es para no levantarnos temprano pues los chamacos están de asueto;
sirve para irnos de vacaciones a lugares varios, en donde haremos
de todo, menos pensar en nuestras convicciones morales (léase
alcohol, diversión, playa y uno que otro exceso); sirve también
para visitar museos, lugares folclóricos y hasta iglesias, pero
siempre desde un punto de vista cultural o arquitectónico; vamos
finalmente sirve para que pasemos varios días echadotes en nuestras
casas regodeándonos en nuestras frustraciones (por no haber salido
de viaje a algún lugar). ¿Dónde queda el misticismo y la pasión
de Jesús?: En nuestras madres y en una que otra señora que todavía
respeta el espíritu de la temporada.
Yo no me voy a meter en sus creencias o en lo que deben hacer
o dejar de hacer. Yo lo único que quiero, es sugerirles que ustedes,
siendo católicos, cristianos, budistas, judíos, musulmanes, agnósticos
o lo que quieran, aprovechen esta semana para entregarse a la
pasión. A la pasión en todo su amplio rango de significados, la
pasión por el trabajo, la pasión por el amor, la pasión por la
familia, pero sobre todo la pasión por la vida. Vivir cada día
de nuestra existencia debe ser un acto de fe y de pasión. Ya alguna
vez expuse mi definición de fe: certeza que tiene el alma de la
existencia de algo desconocido. En este caso, ante la vida sólo
tenemos la certeza de que ahí está, que es nuestra responsabilidad
y que de nosotros depende que sea tramitada de la mejor forma.
Cada palabra, cada acción, cada beso, cada paso que demos, hagámoslo
con pasión y estoy seguro que nuestros semejantes lo agradecerán
y probablemente lo mismo sucederá con aquel ser supremo y divino
al que nos empeñamos en ponerle un nombre, pero que no nos damos
cuenta que es el mismo y que las diferencias que establecemos
son producto de nuestra debilidad y de nuestra ignorancia. ¿Alguien
verdaderamente ha hablado con ese ser maravilloso y le confirmó
que se llama Alá, o Dios, o Buda o lo que sea? Leamos a Jaime
Sabines en su poema “Me encanta Dios” y procuremos darnos una
idea más cercana de los que es la pasión por vivir y disfrutar
de la vida, la terrena o la vida eterna. Volteen a su alrededor
y manifiéstenle su pasión a alguno de esos seres que a lo largo
del año tienen que soportar nuestra intolerancia y nuestra impertinencia,
encontrarán pasiones ocultas que harán de esta semana, verdaderamente
“la semana de la pasión”. |