Lo Trivial y lo Trascendente
La semana pasada estuvo marcada por dos asuntos
que van de lo trivial a lo trascendente.
Los Estados Unidos de Norteamérica, nuestro inevitable vecino,
en una paranoia provocada por su belicosidad decidieron militarizar
su frontera, construir bardas y más bardas, poner rejas con espinas,
sistemas de rastreo, perros vigías, guardias cada 10 metros, cámaras
infrarrojas y limitar el acceso de trabajadores a su país (de
acuerdo exageré un poco). Como compensación (si es que no sucede
otra cosa) se legalizará la estancia de millones de ilegales que
tengan más de 5 años en su país, lo cual beneficiará a muchísimos
de nuestros compatriotas, y aún así nos molestó sobremanera. Si
el problema fuera nuestro (que de hecho lo es) y recibiéramos
a millones de indocumentados centro y sudamericanos ¿nos cruzaríamos
de brazos y lo permitiríamos? ¿no, verdad? Es más, cuando llegan
barcos de sudamericanos u orientales, o cuando cruzan salvadoreños,
nicaragüenses o guatemaltecos, inmediatamente los recluimos en
centros de aislamiento y los regresamos inmediatamente a sus países.
¿Entonces por qué la molestia con los gringos? Porque lo que es
nuestro beneficio, está bien, pero lo que nos perjudica está mal.
Si tuviéramos un vecino al que le entra la obsesión de la seguridad
en su casa y decide poner barda electrificada y sistemas de vigilancia
¿se lo podemos prohibir? La verdad no entiendo, cada 10 o 15 años
los Estados Unidos tienen que legalizar a millones de ilegales
que han logrado sobrevivir a su calvario y el gobierno mexicano
y los medios de comunicación, en lugar de exigir soluciones al
problema del desempleo en México, enarbolan la bandera de la injusticia
y gritan a los cuatro vientos que, nuestro vecino del norte, debería
autorizar la entrada irrestricta para que más mexicanos migren
a ese país... tal vez para que sólo nos quedemos unos cuantos
aquí y así el problema del desempleo, no sea nuestro, sino de
ellos.
Por otro lado, un sujeto que se hace llamar Tiziano Ferro, hace
una aseveración que ofende profundamente a las mujeres mexicanas...
“son feas y tiene bigote”. Y por supuesto volvimos a brincar para
defender la dignidad de las mujeres mexicanas. ¡Qué nadie las
ofenda... sólo nosotros podemos hacerlo! Porque son muy hermosas,
pero en México, no les otorgamos el merecido respeto que exigimos
para ellas. Si tratan de verse hermosas y arregladas, son objeto
de acoso, de violaciones y de burlas: ¿para qué te pones eso?
...pareces “trabajadora sexual”... ¿tienes alguna cita?... ¿te
vas a ir de coscolina? O la típica aseveración del macho inseguro:
“yo la prefiero al natural, sin maquillajes y vestida como lo
que es –la madre de mis hijos-” En México no apoyamos a las mujeres
(en ningún ámbito, sea social o laboral) ¡Ah! Pero eso sí, nos
ofende que otros les digan de cosas. La mujer mexicana es muy
hermosa y atractiva y podrá serlo con mucha más confianza y seguridad,
cuando esté segura de que podrá salir a la calle o ir a trabajar
sin que una punta de pelafustanes les digan hasta de que se van
a morir. Nosotros deberíamos ser los primeros promotores de su
belleza y para ello, también debemos ser los primeros en respetarla,
admirarla y apoyarla, en lugar de indignarnos porque un descerebrado,
hace una aseveración que no pasa de ser un comentario de mal gusto.
Mi punto, para concluir, es que nunca sabemos distinguir entre
lo trivial y lo verdaderamente trascendente. |