El Carro Completo
Cuando ustedes amigos lectores, estén leyendo
esta colaboración, estaremos a poco más de tres semanas de las
elecciones. También ya seguramente habrá pasado el debate entre
los candidatos a la presidencia y muchos de ustedes habrán tomado
una decisión definitiva en cuanto al más indicado para llevar
las riendas de este país por los seis próximos años.
Reiterando mi posición y mis puntos de vista previamente plasmados
en estas colaboraciones, quisiera hacer una última consideración.
Primera: dos de ellos sí han tenido a su cargo puestos ejecutivos
de gobierno, uno no. Segunda, dos de ellos prometen realizar cambios
extremadamente difíciles de lograr y pondrían en peligro la estabilidad
económica que hemos tenido en los últimos años. Tercera: dos de
ellos representan mantener un cambio y una alternancia, el otro
significaría regresar a la “partidocracia” que tanto daño nos
hizo. Si ustedes se dan cuenta, no estoy tratando de inducir el
voto, sólo los estoy invitando a realizar un profundo análisis
de las propuestas y sobre todo a diferenciarlas de las promesas.
La propuesta esta sustentada en un programa de aplicación y viabilidad;
la promesa no pasa de ser eso, un “espero poder hacerlo”.
Y por supuesto, hay un punto final sobre el que he acentuado mis
opiniones, “el carro completo”. ¿Qué significa esto? El PRI, líder
ancestral y experto en manejo y control de los asuntos nacionales,
mantuvo durante muchos años lo que ellos llamaron el carro completo,
lo cual significaba que tanto en la Cámara de Diputados, como
en la de Senadores, la mayoría absoluta fuera de su mismo partido
y así poder darle cauce a las propuestas de ley sin que nadie
se oponga o signifique un contrapeso. Eso pasó también en la actual
administración del Distrito Federal, en donde el gobierno perredista
jamás encontró una oposición a algunas de sus arbitrarias decisiones.
Por lo tanto y por el bien de todos, yo los invito a evitar los
absolutismos y los “carros completos” que a lo único que conducen
son a una dictadura disfrazada de democracia. Siempre será esencial
que haya un contrapeso, un equilibrio y sobre todo la representatividad
de los que no piensan como nosotros. Recuerden que todos podemos
cometer errores al elegir, y la única manera de remediar ese posible
error es acotando el poder de los extremistas con un congreso
equilibrado y plural. Puede que Roberto prometa, que Felipe, asegure
la situación económica y que Andrés Manuel, proponga cambiar todo,
pero la única forma de mantenerlos a raya es con un congreso que
pueda verdaderamente analizar cada uno de sus propósitos y apoyarlos
en los adecuados y detenerlos en sus barbaridades. Recuerden que
están en juego muchas cosas, no nada más nuestras simpatías o
nuestras preferencias. Está en juego la viabilidad de un país
que heredaremos a nuestros hijos. Seamos conscientes y maduros
al tomar una decisión. |