No Atosiguemos
Les ha pasado que cuando conocen a una persona, hombre o
mujer, se establece una rápida amistad o romance y... de
repente, esa persona empieza a acosarte, a llamar cada media hora
para preguntar ¿Cómo estás?... ¿Qué
haces?... ¿Nos vamos a ver hoy?... ¿No te estoy
quitando el tiempo, verdad? En pocas palabras... atosiga (acuciar
con exigencias o preocupaciones).
Tal vez en otra ocasión, asisten a una fiesta y resulta
que se encuentran al típico payasito, el fantoche que se
sabe todos los chistes; es muy simpático, baila de maravilla,
es seductor, pone apodos a todos y habla a 200 decibeles de volumen
para que todos mundo lo escuche. Vamos, es tan maravilloso, que
el tipo cae mal a todo el mundo.
Cuando uno está buscando trabajo, lo correspondiente es
ir a dejar un “currículum vitae”; un documento
en el cual no describimos nuestra experiencia laboral, sino nuestras
aspiraciones, lo que nos hubiera gustado hacer. Porque si realmente
hubiéramos hecho todo lo que en él se menciona,
no estaríamos desempleados. Por lo tanto debería
llamarse “ridículum vitae”. En fin, el caso,
es que uno deja ese papelito con la secretaria del secretario
de la persona encargada de revisar los documentos y si a ella
le parece se los mostrará al gerente de personal. Mientras
tanto, a nosotros, se nos indica que llamemos el viernes siguiente...
Y es ahí en donde comienza el calvario, la incertidumbre...
¿A qué hora llamo? ¿En la mañana?
¿En la tarde? ¿Si llamo mejor el lunes? ¿O
mejor me espero una semana para no molestar? Uno nunca sabe qué
es exactamente lo apropiado.
Seguramente, también han conocido a los amantes de los
animales ( a los cuales respeto mucho, pues yo soy una alma ecologista)
Pero, hay ciertos casos en los cuales exageran... Por ejemplo,
el tan mencionado asunto de las ardillas de Chapultepec... tanto
se les protegió, que ahora ya son una plaga. En algunos
barrios de la ciudad la gente protege a los gatos, pero los felinos
se reproducen sin el menor recato, son animales de lo más
promiscuos y en poco tiempo también se convierten en plaga
y no digamos de los perros callejeros. ¡Ah! Pero
que no se le ocurra a alguien mencionar la posibilidad de controlar
su reproducción o evitar que deambulen por las calles,
porque esas almas generosas ponen el grito en el cielo.
¿A dónde quiero llegar con este discurso poco coherente
y tan confuso? Muy sencillo: A la obligación que
tenemos de ser equilibrados.
Sí, efectivamente, no lleguemos a ninguna exageración,
a ningún exceso; seamos ponderados; busquemos contrapesos,
seamos ponderados, ecuánimes; pongámonos límites.
En otra de mis colaboraciones hablé de la pasión
con la que realizo mis actos, pero también estoy conciente
de mis semejantes, de aquellas terceras personas que se verán
afectadas por mis arrebatos. Por lo tanto, en cuanto mi pasión
empieza a afectar a otros, busco el equilibrio y estoy seguro
que habrá muchos que lo agradezcan. No generemos
rechazo a nuestro alrededor. A veces un silencio, una sonrisa
discreta o un prudente comentario, nos harás más
grandes ante los ojos de nuestros semejantes. O al menos
eso pienso yo. Y ustedes, están...
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